A esos vasos que oficiaron de obra de arte, debería haberles sacado alguna foto. A esos estuches llenos de DVDs, debería haberlos memorizado. A esas banquetas altas paquetísimas, de madera y verde inglés, debería haberlas honrado con una vuelta 360°. A esa dupla de maestros, debería haberles dado un beso en cada cachete.
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sábado, 8 de junio de 2013
Elvis está vivo - Lupe en Chabrés
A esos vasos que oficiaron de obra de arte, debería haberles sacado alguna foto. A esos estuches llenos de DVDs, debería haberlos memorizado. A esas banquetas altas paquetísimas, de madera y verde inglés, debería haberlas honrado con una vuelta 360°. A esa dupla de maestros, debería haberles dado un beso en cada cachete.
viernes, 5 de abril de 2013
Pasado por agua - Dadá
Si bien el termo se transformó en burbuja, si me quedo inmóvil y ajena al universo circundante voy a continuar viviendo sólo y sola en munditos infimitos, y me va a volver a suceder esto de salir poco preparada para enfrentar la vida real, la lluvia irrefrenable. Pero no, de cuerpito gentil y zancos exagerados salgo nomás a desafiar al dios del agua. Un tropezón no es caída, perdemos la batalla por la tierra seca en Palermo, ajustamos el GPS y al centro porteño, porque tanta pompa no se va a volver a la guarida así sin más. Dadá, agarrate que allá vamos!
Sorteamos con gracia y éxito aguaceros que contratacan por todos los flancos, cruzamos la puerta y, para sorpresa mía, apenas si queda un lugarcito en la barra para recibirnos. Dadá está con su capacidad colmada, pero su clima de amistosa bienvenida enseguida se percibe. Un lugar de reunión, de encuentro, de comunión de amistades, un auténtico sitio atestado de habitués, y ya voy entendiendo porqué: la música es un logro brillante, fomentando ese ambiente de confort tan bien logrado; la atención excelente; la barra un rotundo 10; la ambientación ecléctica pero sin exageraciones ni clichés.
Un lugar fresco, como esa bocanada que queda flotando en el aire cuando un muchacho bonito pasa por delante con tu perfume favorito, pero te das vuelta y ya es tarde, aunque ese dejo de su aroma resista. Sin duda alguna, un spot en el centro que pasa sin escalas al listado de favoritos.
martes, 2 de abril de 2013
A vuelo de pájaro - El Quetzal
El mito azteca cuenta la historia de un pájaro llamado quetzal (la serpiente emplumada) que en el principio más anterior de los tiempos, se robó el fuego y se lo llevó a los cielos (…)
En esta madrugada de tensa calma atravieso el cielo estrellado de Buenos Aires sobrevolando las cabezas de los amantes de la noche y el fuego. Los miro desde lo alto y los veo danzando como animales salvajes en la oscuridad, caminando sin rumbo, sin prisa y sin miedo. Me fascina verlos así, jóvenes y eternos, con la vida hecha un puñado de promesas que les cabe en las manos, con la certeza del momento presente hecho piel y carne, con la risa histriónica que espanta las ánimas en pena.
Alejados de las tinieblas, transitan por las calles de Palermo como quien tiene comprado el Paraíso, y me dejo cautivar profundamente por su paso liviano, su coqueteo con las sombras. Me decido, por fin, a bajar y prestarme al juego. Elijo el lugar que mejor me sienta, que la música y las risas le impriman el ritmo citadino a mis plumas esplendorosas.
Me poso sobre la barra y ordeno una birra helada que degusto paulatinamente en el corredor del patio. Aquí dejo el fuego que me robé para compartirlo con quienes tengan la genuina intención de pasar un buen rato.
viernes, 15 de marzo de 2013
Cuando la noche es más oscura… - EL CARNAL
Clavo el cuchillo en la tierra, hago una cruz de sal y por más irreal que parezca, la leyenda no es mito y el día de tormenta da a luz una noche plagada de estrellas. Así las cosas, urgente juntarse con las Jinetes y salir a cabalgar la luna que aúlla feroz sobre la faz de la tierra. No hay debate al respecto, la opción se impone con total naturalidad: terraza. Se baraja una alternativa, y con eso basta: El Carnal. Hacia allí nos dirigimos, entre risas y pequeñas fábulas, y allí es donde la magia sucede.
El Carnal es un clásico. Se mantiene estoico en el tiempo, en el cual fue construyendo su identidad. En el corazón de Palermo, ubicado estratégicamente cerca de otros recintos de desquite a los que se podría huir si decidiéramos una noche eterna, nos recibe con las puertas abiertas y esa distribución irregular que es marca registrada en los días de verano: una PB casi despoblada, aunque hermosa toda, y una terraza que desborda de jóvenes en pleno éxtasis.
La barra ofrece variedad, calidad y precios razonables, algo no menor si el plan es pasar la noche entera entre amigos, rememorando pero haciendo historia también. El ambiente es cálido y relajado, los que estamos ahí queremos pasar un buen rato, no llevamos pretensiones ni posturas. Las horas se pasan entre cervezas, tragos de la casa, reencuentro con viejos conocidos y malos por conocer.
Sin embargo, hay algo que rompe con el equilibrio: la música. No es que esté ni mal ni bien, no es que tenga ganas de que se haga silencio ni tampoco de que suban el volumen hasta hacer sangrar los parlantes. Sucede más bien que la siento sin identidad. Las canciones se van sucediendo sin un criterio determinado y eso me confunde, quitándole intensidad al momento. Quizás si respondieran a algún juicio, si su orden no fuera tan azaroso, o por lo menos si dejaran librado al azar el orden pero no el estilo...
En fin! Sea como fuere, considero que vale la pena rescatar que más allá de este malestar sonoro, El Carnal sigue siendo de mis bares favoritos de la ciudad. Se queda con un pedacito de mi corazón, por cumplir con la demanda de sencillez y bienestar.
domingo, 3 de marzo de 2013
Un patio para pasar el rato - Sheldon
Tenía plena intención de ir a ver las estrellas, en el sentido más literal y astronómico. Pero al parecer ya vivo en ellas, o ellas en mi cabeza, y confundí los días y horarios y no hubo telescopios ni nebulosas astrales para mí por hoy.
Pero sabio y certero es el dicho que enseña que no hay mal que por bien no venga, y así fue que para amenizar las vueltas de las agujas del reloj me decido por birra helada + porción de fritas en un patiecito, hermano de nuestra predilecta terraza. Pero la familia extiende nuevos lazos, y esta vez se trata de MILES, una disquería emblemática de la ciudad, prima hermana que vive pegadita, casi intrusa, en este patio.
Señal del destino que aquí debo estar, desde Miles llega el sonido puro e inconfundible de las hermosas Taradas con su reluciente “Son y se Hacen”. No podría pedir mejor compañía durante la espera.
Sheldon es uno de esos lugares que está muy bien para ir con quien sea porque tiene plasticidad. Un vermouth con las chicas o una velada romántica, una charla amena o una rica cena. El lugar es bonito por donde se lo mire, y cumple con los requisitos que exigimos para aceptarlo en el listado que llevo en la GuíaT, y que uso cuando no sé a dónde disparar: el ambiente es relajado, imposible no sentirse cómodo y a gusto, la carta es amable, la barra es buena, descontando el patio y Miles, que le dan un tinte especial.
El trueque de destino salió bien, y la lista se sigue agrandando.
jueves, 28 de febrero de 2013
Una terracita, por favor! - Esquina Libertad
El verano va y viene, noches de tormentas implacables o de temperaturas desorbitantemente elevadas nos confunden semana tras semana. No podemos saber a ciencia cierta qué nos deparará el pronóstico para mañana y desconfiamos más que nunca del Servicio Meteorológico Nacional.
Pero en esta noche de domingo y luna llena el clima invita, de lo más gentil, a reunirse y brindar. Motivos no faltan, algún reencuentro o bien fortuito o bien afortunado, algún recuerdo de esas vacaciones que se sienten ya lejanas y perdidas, alguna batalla cotidiana ganada, alguna pequeña novedad.
Y así, tarde pero seguro, me lanzo a la conquista de un nuevo bar. Caigo en la trampa del descanso dominical, me quedo con las ganas de ese y derechito al Plan B: ESQUINA LIBERTAD. Vereda y terraza, lo que haya desde una hasta la otra pasa completamente desapercibido para mí. La bebida en jarra es una señal inequívoca, si hay jarra hay relajo, hay pausa, hay descanso, hay comodidad.
Y en eso estamos acá arriba, sentados porque así es la pauta, rodeados de macetas con plantas verdes y fuertes que se erigen un poco fuera de control. Suena el disco, bajito y desde el fondo, pero las canciones van de principio a fin y yo me asusto: y si el intérprete no me gustara? Pero no es el caso, no hay nada de qué preocuparse por ahora.
Y así las cosas, la velada se pasa de lo más amena. Una vez más, el plan anti-domingo funcionó de maravillas y Esquina Libertad se suma al listado de terracitas para visitar antes de que el verano se haya hecho recuerdo.
viernes, 15 de febrero de 2013
El (otro) Álamo
Se está gestando la tormenta, ese instante previo a lo evidente en el cual la pandilla de nubes grises, oscuras y densas asaltan el cielo, en complicidad con esas ráfagas de viento que hacen girar en trompo a las hojas crujientes y el polvo se levanta dando inicio al ritual.
En ese contexto de magia y deseo tuve mi bautismo de agua en dos ruedas tracción a sangre, y así fue como me transformé en una persona nueva y buena. Este suceso amerita festejo, y con la brisa nueva de noche de verano vamos a por una fresca en esa nueva sucursal de la que nos llegó el rumor, y nos termina de convencer el factor terraza, como siempre.
Directo a la planta alta, a la barra de la planta alta, para ser precisa. El muchacho del otro lado nos devuelve una jarra, símbolo inequívoco de verano, y la jarrita es simpática, plástica y coloreada, como la de una fiestita infantil. Los vasos también son plásticos, para no desentonar.
La música no llega nítida, pero lo que llega responde bien a mi gusto personal, y acompaña a los jóvenes amistados que no completaron las plazas disponibles, pero se los ve risueños y tiroteando a más no poder.
Las paredes que delimitan el perímetro son coloradas, y contrastan con las siluetas negras de unas palmeras datileras, quizás para que la barra, con unas cañas de simil bambú, no se sientan solas.
Claramente, un lugar que responde en un ciento por ciento al concepto "previa", que tan extraño me resulta. Un lugar para pasar a tomarse unas jarritas a un precio razonable, conversar relajadito, y seguir.
lunes, 11 de febrero de 2013
Oh Sugar Sugar
OMG! It’s been ages!
Cuánto tiempo, qué es el tiempo? Sea cual fuere la respuesta para cualquiera de las dos preguntas, no salgo de mi asombro. Como viajando en el túnel del tiempo, me muevo como si estuviera recuperando decenas de fines de semana perdidos, joven otra vez, inocente, asustada pero plena, insegura pero inconsciente.
Se ve que de mocita me gustaba el quilombo, pero la buena música desde siempre, cosa que agradezco y celebro con todo el cuerpo. Esta sonrisa gigantísima será nueva o recuperada?
Hay lugares que ofician de santas sedes para esos momentos bisagra donde asistimos a nuestro propio renacimiento, cuando resurgimos de las cenizas que quedaron después del incendio que quema el corazón y la cabeza.
Años a, después de ese apocalipsis personal, tuvo lugar el bautismo y la bienvenida a otra de mis 7 vidas, y este fue el templo donde el ritual se inició.
Visitarlo de nuevo fue recuperar la valentía, o la alegría, no sé bien, es tan delgado e incierto el límite que las divide. Por eso le comando a mi cuerpo que deje de moverse un momento y cierro los ojos, me persigno y rezo: por muchos más templos, cientos de bautismos, miles de encuentros.
viernes, 1 de febrero de 2013
Una noche en... Unicorn Huset
Mañana es feriado, otra vez, y se asoma en mi calendario paralelo algo parecido a una obligación: salir hasta tarde, dormir hasta tarde. Se desata la lucha que siempre se da en estos casos entre mi cuerpo, cansado, y mi alma, ávida de experiencias nuevas. Sólo una cosa me detiene. Pienso en abandonar mi bunker perfectamente acondicionado a 24 green friendly grados, y lo pienso 2 veces. Sé muy bien que en esta contienda no tengo chances de retirarme triunfadora, el calor espera a la vuelta de cada esquina dispuesto a dar pelea sin tregua.
Ducha helada, vestimenta hiper liviana y salgo con los tacones de punta a romper la noche. O no, más bien que ese no es mi estilo, pero salgo lo mismo, puesto que guardo la ilusa esperanza de ser recibida con fresca piedad en la tierra prometida de las terrazas palermitanas. Grueso error, la ilusión. Las leyes de la física no pueden ser sobornadas, y el aire caliente asciende también en Unicorn, recinto estratégicamente ubicado en el corazón de Palermo, donde me encuentro sumergida, literal.
Esta vez, lo que hace brillar estos valientes cuerpos, valientes porque se resistieron al refrigerado abrazo de los espacios con garantía A.A., no es el glamour sino esas gotitas de sudor que los envuelven.
Sea como fuere, más allá del calor la estoy pasando bien. Unicorn me gusta, me gusta porque al descorrer el telón de terciopelo se extiende un universo finito con aires de exclusividad. Muchachitos bien delgados y no demasiado altos, para no romper el equilibrio forzado al que nos somete el nuevo milenio, muchachitas de lo más modernas y bonitas. Música fresca, cool y un ambiente muy bien logrado que permite elegir entre estar cómodamente sentado, al aire libre o bajo techo, y quien se anime puede bailar en esa pequeña pista de cuadrados de colores.
Tomo distancia y nos miro de lejos y me resulta que todos aquí parecemos como salidos de la foto de portada de una revista que cubre una de esas fiestas top del verano. Visitar Unicorn puede ser un paseo Caras. Nada mal, para nada.
jueves, 17 de enero de 2013
Antares - Bariloche
Latitud Sur. Nada podría entusiasmarme más que estar acá abajo. El cielo está completamente despejado, las estrellas titilan con más intensidad y se multiplicaron, la luna es apenas el borde de una uña y un calorcito atípico nos envuelve con sus brazos hechos de sol y montaña. Lo más parecido a suerte de principiante que me haya tocado jamás.
No es nada original de mi parte, pero al mismo tiempo me motiva conocerlo en su locación vecina. La esencia se mantiene intacta, me alegra corroborarlo. Se trata de un barcito muy bien puesto, y suma atención en este punto, porque no es poca cosa. Un barcito bien puesto, cerveza artenesal variada y exquisita, atención de primera y un ambiente agradable y/o amigable, no me decido aún.
Me acodé en la barra hace rato, y ya voy por la segunda del 2x1 (larga vida a 2x1!) que se me está subiendo al coco, aunque no reniego. ANTARES puede convertirse también en puerto seguro, sea donde fuere que nuestra barca se encuentre naufragando.
Desde el Sur hasta mi Buenos Aires querido alzo mi pinta una y mil veces por la repetición, SALUD!
martes, 15 de enero de 2013
MANUSH - Bariloche
Llego levitando, vengo desde lejos, allá donde toqué el cielo con las manos y lo traigo adentro. Necesito volver a apoyar los pies en tierra firme, congraciarme con mis congéneres y ser otra vez terrenal (el Universo lo llevo adentro pero disimulado, no sea cosa de andar avivando giles).
En MANUSH me tratan bien, y eso me gusta. Me sirven una cerveza artesanal, "elabortación propia", que me gusta lo mismo o más. Mi pecado: nachos con queso. Mi salvación: disfrutarlos sin culpa.
Me quedo un buen rato porque el clima distentido invita y porque el viaje de vuelta a lo mundano no es tarea sencilla.
Aunque no lo sienta justo, lo juzgo: volvería aquí cada que pueda a sentirme viva y de tierra. Todos los vasos del mundo, de la mitad para arriba.
viernes, 11 de enero de 2013
SKY BAR - Hotel Pulitzer
Me quiero despedir de la Ciudad y de los buenos amigos. La terraza del Pulitzer parece ser el lugar propicio para hacerlo, de modo que encaramos para el downtown cuando el manto de la noche cae sobre los edificios feroces del centro y se da ese trueque entre los transeúntes: ya no se trata de trabajadores de paso apurado, hablando por teléfonos hiper chiquititos y modernos sino que los que se pasean son esos zombies citadinos, los olvidados, los excluidos.
En el ascensor hay que marcar el piso 13, y eso le da una mística esotérica a nuestra noche aunque yo seguramente sea la única que esté pensando en ello.
El lugar está colmado, una masa humana con ansias de mostrarse, de divertirse, de conocerse. La clave es encontrar el rinconcito donde sentirse a gusto. Pienso un largo rato la palabra que quiero usar para definir la impresión que me deja el primer pantallazo de la terraza, pero ninguna de las que se asoman a mi lapicera son precisas, justas. Podría decir que se trata de una guarida cool, derroche de vanguardia cosmopolita, frescura y novedad, y creo que con eso no estaría mintiendo.
La música suena bien, la barra es pausada pero cumplidora y la vista es un regalo maravilloso. Algo desilusionada (el apocalipsis Maya hizo mella en mí, lo sigo esperando…) confieso que finalmente no hubo nada cercano al número 13 en la noche de Jueves, sólo amigos y risas.
No me quedan dudas, Sky Bar es un buen spot para el verano. A no pasarlo por alto.
miércoles, 9 de enero de 2013
Rey de Copas
Cuando la compañía es grata es sencillo encontrar el lugar propicio para disfrutarla. Y si bien yo misma no podría contradecir tal enunciado, es también cierto que de un tiempo a esta parte me he vuelto más exigente y quisquillosa a la hora de elegir la mejor locación para disfrutar el glorioso sabor del sábado a la noche.
Es que son tantos los días que discurren lentos y monótonos hasta su llegada, cuando las agujas del reloj marcan la medianoche del viernes y entonces esta insípida cenicienta de oficina se transforma en una anónima habitué de los barcitos de moda, que me siento en la obligación de elegir sólo a los mejores.
Claro que no es tarea fácil, ni puedo tampoco decir que en todos los casos me retiro del campo de batalla triunfadora. Mi lado más instintivo me obliga de cuando en vez a arrojarme a la aventura y dejarme guiar por el olfato y la intuición.
Y así fue como di con Rey de Copas, un pequeño paraíso que yace detrás de un estrecho pasillo a la vera de ese río agitado que es Gorriti los fines de semana. Se trata de una casona transformada en restaurante y bar de tapas, donde ir por un Campari es lo más parecido a tocar el cielo con los manos. En lo que a materia de bares respecta, por supuesto.
Rey de Copas lo tiene todo, sólo que exige suma atención para notarlo. Se trata de un espacio lleno de rinconcitos y de pequeñas sorpresas. Mires a donde mires va a quedar tu mirada suspendida por un rato, descifrando. La búsqueda del tesoro, pero del mejor tesoro, porque los premios son variados: trompetas, espadas, cornos, cofres, tapices, títeres, y ese grafismo en cobre que enmarca la pared detrás de la barra que quita el aliento. La barra hecha de durmientes fue, sin dudas, mi favorito.
Alzo mi copa entonces, y brindo por las buenas compañías y las búsquedas fortuitas que llevan a buen puerto. Que las que estén por venir corran la misma suerte, y se sumen al mapa que indica dónde amarrar la barca en la próxima navegación.
martes, 18 de diciembre de 2012
Despacio Martinez

Despacio Martinez es una perla que descansa en lo más profundo de las serenas aguas del residencial barrio de Colegiales pero que despierta y emerge de las profundidades cada 15 días para abrir la coraza que lo resguarda y dejarnos entrar y maravillarnos de su inconmensurable belleza, y disfrutarlo de punta a punta.
Encontrar la suntuosa puerta y tocar el timbre, esa costumbre demodé. Pasar al zaguán y demorarse allí un instante para alimentar la vista con la majestuosidad de la casa, mientras elegimos entre los múltiples espacios perfectamente engalanados.
Los sillones que invitan o las mesas bajas rodeadas de almohadones, la cocina donde nacen los sabrosísimos platos caseros o la barra sencilla pero generosa. Y al fondo, la niña mimada: el jardín y su pileta, los ojos profundos de esa mujer-niña pintada en la pared, y sus rincones donde descansan macetas y plantas y risas.
En Despacio Martinez se respira siempre un aire renovador, un clima de calma y de hermandad. Allí se ofrece a nuestros pies un tiempo de confort, de comodidad, de distensión y descanso. Es esa casa amiga donde uno sabe de antemano que va a ser bien recibido, y va a volver a visitar.
Despacio Martinez es para mí un WELCOME en forma de alfombra. Otro de mis bunkers donde refugiarme cuando el Tsunami llegue y nos lleve el mar.
lunes, 17 de diciembre de 2012
Silent Fest - KILKENNY
Encuentro el nombre de la Silent Fest algo contradictorio. Es difícil imaginarse la diversión consagrándose en lo más puro de la quietud: el silencio. Me pregunto por el movimiento. Estaremos también allí reunidos bailando en la pura a-sonoridad exterior?
Sea como fuere, el concepto me resulta original y la posibilidad de elegir entre canales que exceden la binaria es merecedora de una oportunidad.
Llego y es super temprano. Habrá sido el destino, que quiere equilibrar por esos primeros temas que no pude escucharle al Sr. Malaurie. En la escalera espera un joven muy amable dispuesto a darte tu correspondiente par de auriculares y una explicación breve y sencilla de cómo usarlos.
Subo y los veo: los 3 Djs compartiendo un mismo espacio, y aunque cada uno con su color, me divierte adivinar quién comanda cada canal sólo por verlos bailar. Por momentos, me cuesta decidir si los auriculares nos alejan o nos acercan, o son sencillamente una excusa.
La Bioma transmite en vivo, la gente va llegando al baile y la clave está en dejarse llevar por el clima que saben crear a la perfección cada uno de los 3 en su propio estilo.
La Silent Fest tiene algo cautivante, algo de original que divierte y seduce: regala una porción de libertad al alcance del botón derecho de eso que recubre tu oreja. Aunque todavía la siento extraña, me estoy acomodando a su ritmo y forma, y me divierto, y veo a todos allí a los gritos, bailando como títeres movidos por el color de turno, y me gusta estar ahí formando parte.
Yo subo el volumen de los míos, y me dejo llevar, que la Silent hace ruido. Verde, rojo o azul, no hay excusas para no pasarla de lujo en el Kilkenny hoy.
jueves, 13 de diciembre de 2012
Tabla Negra
Es, es… MIÉRCOLES! Pero eso no es algo muy difícil de comunicar. Por supuesto que después de leer la palabra-día germinará en cada quien lo que el miércoles evoque para sí. Yo, por mi parte, siempre lo vinculé al número 3 y a los chicos de 5to. Nada descabellado.
Entonces, recapitulando lo que sabemos hasta ahora: es miércoles, la noche está entrada y muy bonita, y entre una cosa y otra ya estamos adentro de TABLA NEGRA, aunque no lo sepamos aún. Muchachos bellos y fuertes se saludan en la puerta, y como un pequeño milagro cotidiano miro al cielo y descubro lo que mi corazón busca: una terraza, una hermosísima terraza de verano.
Una escalera ondulante, música ascendiendo y lugar libre en la terraza: santísima trinidad. No puedo apartar la vista de esa suerte de guirnalda gitana hecha con lucecitas navideñas, botellitas de vidrio colgantes y cositas extrañas que no sé especificar pero me hipnotizan. La música es, sencillamente, perfecta. Suenan los Ramones, suena Sir Morrissey, suena la sensualidad y rebeldía inconfundibles de Deborah Harry. Por fin lo veo, un cartel indicador que reza "Tabla Negra". Estamos donde y como queremos.
Hasta aquí, todo marcha sobre rieles. Pero una palabra que quiero encontrar se esconde. Una palabra que me ayudaría a contar cómo son las cosas acá, a puntualizar de qué se trata este recinto emplazado en pleno Palermo Hollywood que crece más a lo alto que a lo ancho, donde la cerveza está fría y con eso alcanza, donde el acento de quien la trae es centroamericano, y eso encanta.
Pasean por mi birome un montón de letras amontonadas que, medio confundidas y sintiéndose rechazadas se suicidan atrás de un tachón de tinta, su tiro de gracia. Se me llena la cabeza de palabras, me llegan todas juntas, de golpe, me cuesta ordenarlas. Miro los tatuajes que decoran los cuerpitos gentiles de los residentes: old-school! Eso mismo: un barcito cool, con un estilo semi old-school, con graffittis en las paredes y un DJ residente.
Es miércoles, es old-school: qué más podría pedir?
miércoles, 12 de diciembre de 2012
Café San Bernardo
A mitad de camino, o apenas si llegando a la mitad. No es el principio, tampoco el final. Eso es el martes, el día amorfo de la agenda semanal: ni chicha, ni limonada. Imperioso encontrarle la vuelta para poder llevarlo adelante y ganarle la batalla al tedio. Es por esto mismo que, aunque mi muñeca no sea un lujo, voy a ir a visitar ese lugar tan exótico que ancla sus raíces en la tierra que descansa mansamente bajo el asfalto furioso que alfombra la legendaria Avenida Corrientes.
Ya conozco el truco: se trata de respirar todo el O2 que se pueda porque cruzar la puerta es subirse a una nube de humo y polvo. Café San Bernardo está en ruinas, y no lo esconde. Sus paredes y el techo hecho escombros, sus rincones atestados de andamios colgantes y una capa de polvillo que lo cubre todo. Pero acá nada de eso importa porque las vedettes son las mesas de pool y claramente las de ping-pong, desde donde brota el ruido cíclico que queda retumbando en los oídos.
Check-in hecho. Ahora: luz, mucha luz. Anteojos de marco negro y grueso, gorras anchas, ropa de feria, bicis, amor por el cuidado del medio ambiente, bigotes y la música moderna. Así son los bernarditos que frecuentan el antro anti-moda en boga. Mesas antiquísimas (sólo porque viejos son los trapos), sillas plásticas apiladas, mozos de escuela y la barra que exhibe en vidriera el menú que no pasa de moda terminan de completar el panorama: cafetín de Villa Crespo o cuna de hipsters, da igual.
Café San Bernardo es mi Israel en Buenos Aires. Ese pequeño territorio que se disputan 14 tribus, que vale menos por lo que es que por lo que representa. Terreno donde se edifica el futuro y la juventud, donde se inspira el creador antes de darse de bruces contra el circuito comercial que lo ahoga y lo condena. Este es ese lugar.
Aquí se respira una tensa calma, y en ese suspiro me nutro de inframundo, de contra-moda, y me divierto y dejo un mensaje y vuelvo, martes tras martes, a buscarlo y reivindicarlo.
Río Café
Hace unas semanas vengo pensando en la feliz peligrosidad y en las cinturas de las que habla Pedro Fértil cuando hace comulgar la gloria junto a Copacabana y sus noches.
Pero hoy una sucesión de hechos desafortunados dejó a Buenos Aires patas para arriba. Aún así, quiero juntarme con mis amigas en esta noche de clima pos-guerra. El cuartel elegido: RÍO CAFÉ. No es una elección al azar, en Río hoy es una de esas mismísimas Noches de CCB.
Esquivamos los chubascos y, por fin, llegamos a la puerta. Nos recibe imponente, designio del charme que allí habita y así arranca la ladies night. Llegamos temprano, nos acodamos en la barra y, jarrita de por medio, nos vamos poniendo al día.
El horizonte de Río Café es inspirador: la pintada que ocupa toda la pared me hace pensar en el arte de tapa de algún disco de moda, el mármol que da media vuelta perfecta es de una exquisitez extrema, el buen gusto en la disposición de las mesas me enamora y el patio semicibuerto es mi edén terrenal.
Las nefastas condiciones climáticas no impidieron que el salón y el patio sirvieran de guarida para los soldados que aún seguíamos de pie, dando batalla. El clima en Río es ameno y todo allí cuadra de maravillas: la música que suena bien, las luces en su punto justo, la barra que recibe gustosa cualquier exigencia y un ambiente apacible que bien puede ser la exacta definición de chill out.
Río Café: encontré el lugar donde esperar paciente el Día Del Huracán.
martes, 11 de diciembre de 2012
El Qetzal
Es necesario conocer la ubicación de las mejores guaridas de la ciudad para llevar con dignidad la espera hasta la gloriosa venida de Verano 2013, así que estos días estoy de investigación, ensayo y error. La rigurosidad científica junto con el calor húmedo que trae la primavera en trance me llevaron a realizar otra prueba piloto en El Qetzal y una vez más digo con seguridad: prueba superada.
El Qetzal es ese lugar en donde lo que reina es la comodidad, cruzar la puerta y decidir si patio o salón-sillón y percibir enseguida su potencial. Ir distendido a la barra, y vaso de vidrio en mano, descubrir en las paredes y en los rincones mensajes y arte en formato hoy.
La música, los pasillos, las mil puertas y algún componente que aún no logro descifrar me dan la pauta: guarida perfecta para esperar el verano.
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