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lunes, 4 de julio de 2016

miércoles, 3 de febrero de 2016

miércoles, 29 de abril de 2015

una cena con Cosmo

Ph. por Marie Le Pen

La curiosidad. Quise saber cómo era eso de ver a la banda tocando en el bar. Vivirla. Y así resultó que, sin más, busqué cómplice y bic y click en mano, fuimos a Sheldon a ver a Cosmo un miércoles, cualquiera. La escena contaba con algunas imágenes repetidas: los otros asesinos de plantas dando vueltas por el lugar, la estética cósmica al mango, camisa, borcego y anteojos de sol. La canción puesta en la línea de fuego, y disparar una atrás de otra, entrar en ritmo, setear el clima, empezar de a poco y llegar bien arriba. 

La estrategia es sencilla pero efectiva, alternar entre Cosmo y Branas, seducir al oyente incauto y opacar la cena, que sólo brille la música, que sólo ella encandile. No a las velas, no a las risas que llegan desde las mesas entre tema y tema, no a los susurros. No a la gilada, tocar en serio, estar acá. El engachadito entre “Amor es diversión”-“La balsa” es el tiro de gracia. Nos convencieron. 


Una banda dando batalla, peleando limpio. Atrás de la guitarra, roja e inmensa, se debate la táctica. Guiños cómplices, métricas finamente calculadas. El bis, los aplausos, los discos a la venta y misión cumplida. Valió el acercarse, la curiosidad que sostiene la mecha encendida. Contradiciendo el saber popular, contradiciendo los escenarios establecidos.

domingo, 3 de marzo de 2013

Un patio para pasar el rato - Sheldon



Tenía plena intención de ir a ver las estrellas, en el sentido más literal y astronómico. Pero al parecer ya vivo en ellas, o ellas en mi cabeza, y confundí los días y horarios y no hubo telescopios ni nebulosas astrales para mí por hoy.

Pero sabio y certero es el dicho que enseña que no hay mal que por bien no venga, y así fue que para amenizar las vueltas de las agujas del reloj me decido por birra helada + porción de fritas en un patiecito, hermano de nuestra predilecta terraza. Pero la familia extiende nuevos lazos, y esta vez se trata de MILES, una disquería emblemática de la ciudad, prima hermana que vive pegadita, casi intrusa, en este patio.

Señal del destino que aquí debo estar, desde Miles llega el sonido puro e inconfundible de las hermosas Taradas con su reluciente “Son y se Hacen”. No podría pedir mejor compañía durante la espera.

Sheldon es uno de esos lugares que está muy bien para ir con quien sea porque tiene plasticidad. Un vermouth con las chicas o una velada romántica, una charla amena o una rica cena. El lugar es bonito por donde se lo mire, y cumple con los requisitos que exigimos para aceptarlo en el listado que llevo en la GuíaT, y que uso cuando no sé a dónde disparar: el ambiente es relajado, imposible no sentirse cómodo y a gusto, la carta es amable, la barra es buena, descontando el patio y Miles, que le dan un tinte especial.

El trueque de destino salió bien, y la lista se sigue agrandando.