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miércoles, 6 de febrero de 2013

Feliz Domingo en... Jardín Japonés

Me encerraría gustosa en la Sala Leopoldo Lugones, sólo porque ella conoce uno de mis secretos mejor guardados. Pero la tormenta de anoche dejó como saldo una tarde de domingo que implora aire libre y, engañada como una colegiala, enroco el agua sagrada que baña las costas de Rivera Norte por el símbolo nipón que vive atrapado en Buenos Aires.
Le tengo especial aprecio porque en el tiempo en el que yo dormía en mí me dejé llenar el cuerpo de muchísimas hormiguitas sin horrorizarme, y también porque esa cuadrícula de pasto y cemento me hacen pensar en el País De Las Maravillas, y en la nueva puertita de Alicia que se abrió para mí.
Claro, no fui la única que tuvo esta gran idea, y de repente somos muchos y yo me volví tan ermitaña que los cuerpos yendo y viniendo, susurrando o a los gritos, me dan alergia.
De todas formas, una piedra oficia de banquito y una garcita bueyera (el tipo sabe, se hace el humilde pero la tiene atada) hace las delicias de los que estamos atentos.
Voy a volver un día de semana, en un horario absurdo, a entrecerrar los ojos y ser Oriente.

lunes, 28 de enero de 2013

Museo Sívori


Extrañaba esos lugares que elijo para huir de la vorágine pero que paradójicamente están emplazados en el centro de la misma, y así fue que decidí deliberadamente ir a visitar el Sívori. Es la hora del ocaso, ahí cuando el día y la noche se unen en un abrazo que estalla en esa fusión de colores imposibles de imitar. Necesito ser testigo, necesito no dejarlo pasar.
Sé que voy a encontrarme con contraluz, de Juan Gatti, pero sé perfectamente que eso será el efecto secundario de mi dosis de sosiego. Claro que la exposición es exquisita, porque el artista lo es también. Pero esta vez yo sólo quiero rescatar al Sívori como otro de mis bunkers citadinos.
Si la Ciudad estuviera en llamas me complacería dejarme envolver por lenguas de fuego, si es que ellas se decidieran a pasearse por el Museo. Que me encuentren festejando por dentro el placer inmenso que me produce ese cubículo donde se erige insolente el tronco de una tipa y veo sus raíces a la altura de mis hombros; o que me encuentren sentada en el banco de madera al lado del niño de piedra mientras me dejo envolver por el sonido del tren, latido del corazón de las ciudades en llamas.
Levanto los pies del piso, cierro los ojos y me dejo envolver por el ambiente. Es un viaje fugaz, pero certero. Llego a destino, me encuentro conmigo, tomo la punta del cable, junto todas mis fuerzas y lo arrojo lo más lejos que puedo. Porque de eso se trata mi paseo por el Sívori: cable a tierra.

miércoles, 23 de enero de 2013

Lago Escondido - Villa Tacul


Llegué del paseo, me pegué una ducha helada y después por fin me miré al espejo. Ahí los vi: el Lago Escondido, con su transparencia critalina ofreciéndose sin reservas y su profundidad difícil de calcular, con su superficie que es reflejo de todo aquello que lo rodea y su mansedumbre. La orilla del Huapi atrapada en Villa Tacul, coloreada de un verde imposible de describir, ese color que la paleta de ningún hombre podrá jamás imitar. 

El lago en mí, atrapado para siempre en las aguas que se agitan atrás de mis ojos. Este, mi mejor souvenir. 

martes, 22 de enero de 2013

Huechulafquen


Ya perdí la cuenta de cuántas fueron las veces que embriagada de éxtasis imaginé hasta el más mínimimo detalle de este encuentro, diseñando en mi mente cada fracción en el espacio como si mi cuerpo hubiera viajado hasta allí para vivirlo.

Largas noches de insomnio combatiendo fantasmas valiéndome tan sólo de esas imágenes como escudo. Un oasis creado por mí, para mí, a donde guarecerme cuando la realidad me obliga a tirar la toalla y levantar bandera blanca.

Vi correr tantas veces las 4 estaciones y yo refugiada al amparo de esa sola idea que todavía no puedo dejar de temblar ante la inminencia del encuentro. Vamos, por fin, a vernos las caras y, aunque el universo es infinito sé que durante el tiempo que dure ese instante  vamos a ser sólo el Huechulafquen y yo. 

Tuve tiempo, preparé un regalo hermoso: un compilado de amores caducos y amantes por venir, de proyectos cumplidos y sueños frustrados, de amor y de odio, de perdones y olvidos, de heridas que sangran y cicatrices desgastadas, de certezas y de incertidumbres, de planes e itinerarios y visiones de futuro.

Lo dejo todito a su orilla, y él arrasa con todo. El Huechulafquen me muestra que andar liviano es el primer paso antes de aprender a volar. 

lunes, 21 de enero de 2013

Bosque de Arrayanes o Lupe Mapu Malen


Llevo mi capa colorada puesta para que todos en el bosque puedan identificarme fácilmente. Llevo también la canasta de mimbre cargada de pies, scons, y frasquitos de mermelada casera confiando en que a la abuelita la puedan deleitar.

Voy caminando entre los árboles de arrayanes y los cipreses cordilleranos con mi andar ligero de niña buena saludando a los animalitos que cruzo al pasar.

Conozco el guión, conozco el final. Sin embargo, algo en el bosque está fuera de lugar. El encuentro se precipita, y antes de lo pautado siento como un puñal la mirada animal del lobo clavándose en mis ojos de nena de mamá. 

Presa del miedo, se evapora en el aire mi grito de socorro y queda retenido para siempre al filo de mi garganta, que bien quisiera aprender a aullar. Sostengo durante un instante, que me resulta infinito, la tensión en mis ojos. Desafío a la bestia y de nuestros cuencos orbitales nacen rayos de fuego que lo incendian todo.

Como si se tratara de una ceremonia secreta, damos en simultáneo un salto eterno y nos fundimos en el aire antes de volver a aterrizar. El lobo en mí. Los dos lo sabemos, el cambio es genuino, rotundo, irremediable. Aunque ambos seamos tristemente conscientes de que difícilmente los otros lo puedan notar. 

domingo, 20 de enero de 2013

Villa Traful


Las travesías en bus me resultan desde siempre un entretenimiento singular. No las considero en lo más mínimo una pérdida de tiempo, las vivo más bien como el espacio propicio para organizar el itinerario o repasar los destacaditos del viaje. Además, el ronroneo del motor y el vaivén cíclico de todas esas ruedas gigantes provocan en mí un efecto adormecedor contra el cual es inútil que luche. 

Me toca esta vez del lado de la ventanilla por donde se filtran los rayos del primer sol de la mañana junto a una humareda de cenizas y polvo que me obliga a entrecerrar los ojos, y no pasan más de 15 minutos que ya estoy dormitando. Ay, qué pudiera darme más felicidad que dormitar así! Mi mente divaga, condición sine qua non en este estado intermedio entre la vigilia y el sueño, y se pierde pensando en círculos y si será cierto que ellos son la forma geométrica perfecta... Frena el bondi, fin del delirio, a cargar la mochila y salir a patear.

La subida es breve pero intensa, el premio es escuchar la cascada del Aº Coa Co, ese murmullo de vida que ningún sonido puede igualar. Bajo a los saltos, casi como una liebrecita, y me siento en el muelle un rato a respirar. Otra vez el sonido del agua en movimiento, el lago chocando contra las rocas, marcando su ritmo incesante, eterno. Como una ráfaga de viento me asalta el pensamiento un círculo, pero ahora en espiral, y por fin lo comprendo. El círculo como ciclo, como el cambio continuo, como el agua fluyendo, el mundo en movimiento y todos y cada uno, cada cosa, cada suceso en unidad.

Estoy en Villa Traful, y esto también pasará. Pero ahora, estoy acá.     

sábado, 19 de enero de 2013

Viejo Fred - Villa La Angostura

Tomar una cerveza artesanal tirada y comer algo al paso, no puedo decir que esto sea nada fuera de lo común. Lo diferente esta vez es hacerlo a cielo abierto. En este cielo, donde no alcanzan los números para contar cada estrella, donde el aire tranquiliza la ansiedad porteña y deja somñoliento y contento al turista pasado de rosca.

Fundamentalista confesa de las mesitas afuera, pensé erróneamente que ninguna podría sorprenderme ya. Pero Villa La Angostura tiene una mística que hipnotiza. Todo acá se cocina a fuego lento, y las experiencias no son la excepción. Se respeta el tiempo de elaboración, se valora y se disfruta el proceso, se lo transita lento, se lo saborea.

Elijo Viejo Fred  para captar esta esencia, anotador en mano hago esta pequeña observación.

viernes, 18 de enero de 2013

Villa La Angostura

Existen cuentos de hadas y princesas, existen también películas de Disney de moraleja liviana y final siempre feliz. Existen canciones infantiles de rimas pegadizas y cuentos orales que van pasando de generación en generación.

Visualizaciones de la casa de dulces en Hansel y Gretel, del bosque encantando donde descansa la Bella Durmiente o del mundo subterráneo en el que viven saltarines y contentos los 7 Enanitos.

Existe, por supuesto, la imaginación. 

Pero atenti a lo siguiente: para quien busque superarla, existe en la provincia de Neuquén un lugar llamado Villa La Angostura. 

miércoles, 16 de enero de 2013

El Tronador o Lupe de Fuego

Vaticinio, acaso, de esas huellas invsisibles que nos persiguen para siempre fue la hipnótica voz de Marina Fages? Será esta LA provincia, soy acaso acá un avión cargado de bombas que explotan? 

Mi viaje al Sur, lo pienso, lo digo en voz baja como susurrándolo y lo escribo. Ese, el camino terrenal de mis ideas. Pero desde acá abajo manejo otros códigos, es tan abrumadora esta visita que olvidé el abecedario y no tengo más alternativa que construir uno nuevo.

Las vocales, alma y esencia de mi nuevo lenguaje, están ancladas en los senderos de El Tronador. El camino es ahora celestial: lo grito a viva voz a los cuatro vientos, lo siento, apenas si lo pienso, lo escribo encriptado en el viento.

Que el aire sureño lleve mi mensaje y mi voz llegue a tus oídos como un beso del viento.

lunes, 14 de enero de 2013

BARILOCHE o Waterproof Lupe - Airly Lupe

Me gustó haber vivido el descenso como la primer vista panorámica de las que están por venir, la más abarcadora y general. Una señal, un llamado de atención a aterrizar los pies y la cabeza en Bariloche, consagrarme al Sur, transformarme allá.

No me gustan las expectativas porque incrementan el riesgo de enfrentar la ilusión a la realidad, y es tan difícil estar a la altura de las circunstancias cuando de fantasías se trata! Sin embargo, San Carlos de Bariloche me dejó sin aliento, sin palabras. Fue llegar y dejarme envolver por un torbellino de imágenes únicas, paisajes, vistas, postales en vivo y en directo, yo formando parte, siendo. Una aplanadora de sensaciones nuevas, extremas.

Estallido de colores fusionándose y separándose en el cielo y más allá de él. El ocaso, el amanecer, el horizonte, el pico de una montaña, un cerro, miles de cerros, el lago, las lagunas, el agua corriendo, fluyendo y un chapuzón en sus brazos gélidos para sentirme renacer. Trepar al cielo por el camino que marca la ladera de una cumbre y mi pequeña obsesión por el andamiaje de las aerosillas.

El Sur está infectándome, se mete adentro mío por los poros, me inunda los pulmones cuando inhalo, me corre en la sangre por las venas. Ya no miro con los mismos ojos ni escribo con el mismo abecedario.

A la buena del río y a la vera de Dios, que así sea lo que me queda de camino. AMEN.

martes, 11 de diciembre de 2012

Un sábado cualquiera


“Sigo confiando en la asertividad de estar en el lugar y en el momento justo”, escribo esto en alguna pausa durante la gira de anoche, y como no hay mal que por bien no venga donde el reci que no vi termina la aventura empieza y el trío recién formado disfruta los primeros cocketeles de la noche en el agraciadísimo patio de Soria.  Una pasadita por Río Café, para no perder la sana costumbre, aunque el destino final (mas no el último) sea el Podestá, más porque el cuerpo pide baile que por ninguna otra razón. Visita a unos pájaros en la pared antes de tocar fondo en Miloca, y el sol hace horas que salió.
Lo que quiero decir, más bien: armar un buen combo y agrandar la noche cada tanto no está nada mal.

Tomando el té en TEA CONNECTION


No hay nada que uno no se pueda imaginar de antemano, no hay mucho manejo de expectativas que pueda quitarnos el sueño. Tomar el té es eso: un descanso, una pausa en la vida agitada de los habitantes de urbes pasadas de rosca, un break en la juventud añorada, una costumbre lejana en el tiempo, lejana en el espacio. Un té es una infusión clasista, una declaración de principios de finales de otros siglos, una actividad destinada a las féminas de cintillo para compartir la novedad.
Y, sin embargo, mi paso por Tea Connection me sorprendió: la música estuvo bien elegida, o más bien diré que estuvo acertada, porque desconozco si fue el azar o la deliberada decisión de un cajero-DJ. Las hebras contentaron mis papilas gustativas. El ambiente tuvo lo justo de esto, y lo justo de aquello.
No es que pueda recomendar el lugar, eso irá en el gusto del consumidor, pero sí diré que ir a tomar el té con uno mismo es una pausa a la que vale la pena acceder.