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miércoles, 3 de diciembre de 2014

Bello Dacal un Jueves en el MNBA


Me abrió el pecho una canción. Y yo que quise que la seducción fatal me distrajera, que esas imágenes curadas me guiaran por el último pasillo hasta el piringundín y que el alma se me enredara ahí en forma de arte y bella. Y yo que quise que la despedida del ciclo “Bellos Jueves” en el MNBA pasara sin calar, irme sin cicatrices. Pero no. Hay una guitarra que sacude, que evoca, que se prende fuego. Entonces corren las canciones y en su discurrir de tiempo y espacio, algo se quiebra. Una noche en el museo. Acordes nuevos, inéditos, se solapan con esos más viejos. Miloo Moya beatboxea y en esa mixtura acontece el suceso. Lo inanimado cobra vida, lo quieto es movimiento. En la sala de Impresionismo y Post impresionismo, lo inmortal vive el momento y los personajes se despegan de las paredes verde-espeso. Por la izquierda nos alcanza el agua que deja flotando a esas mujeres desnudas que desde el muro opuesto se desprenden de las molduras que las sujetan desde el 1800. Contrastan con esas señoras modelo s. XIX  y de sombrero, que ignoran su eterna quietud y ahora que son princesas para mí, tararean que vuela el pez. Quizás quiera decir, sencillamente, que lo que embelesa cuando Pablo Dacalcomparte su arte reside en un punto invisible pero preciso que se abre camino entre las patas flacas, la guitarra estruendosa, la barba crecida, la voz y el público desparramado de pie y sentado. Una fiesta adentro de otra fiesta, adentro de otra fiesta. Y todos esos marcos enormes y dorados, de nuevo. El corazón es el lugar. Bienvenidas las canciones de Dacal. Pasen, está abierto. 


Pablo Dacal se presentajunto a Fer Isella el 06 y 07 de Diciembre a las 19hs en La Manzana de Las Luces, Perú 272 C.A.B.A.

martes, 30 de septiembre de 2014

Éramos tantos, yo no sabía quién era


En ese estuche a rayas con un cordón para que no se pierda, en esa cajita de cartón que tiene ese borde que la excede y me hace pensar en pavos reales. Desde ahí venían las canciones. Desde esos discos que van a cumplir 10 años ya, desde esa inocencia interrumpida por la resignación de las utopías púberes a la vida cotidiana y citadina y cuasi adulta. Hace tanto ya, pero fui obediente y me llené de discos nuevos y ajenos. Me dejaron. Dejé. Me perdí. Me encontré. Tanta agua bajo el puente, pero la correa cruzada sigue sosteniéndola firme. Su guitarra inmutable, inalterable al tiempo, al espacio. La guitarra impávida ante el asombro de la gringa que entre el público apretado susurra incrédula “nos estamos rozando con un van Gogh”. En la sala de postimpresionismo del MNBA Coiffeurteje en el aire. Entrecruza notas y construye el clima. Una estampida de canciones a las que hacía mucho no volvía a refugiarme me tomaron por sorpresa. “Estampita”, “Cataratas”, “Vuelvas a casa”, “En la frontera”, “Mientras tanto”, “Christine”. Estoy en falta con el orden a la lista, le estoy escatimando también. Algunas se cantan con los sentidos, listarlas ahora, acá no tiene gollete. Cambió el contexto: en el museo y de noche. Una experiencia casi reveladora. Él y su música del Oeste. Pero la intimidad no cambia, la frescura de su voz, las miles de puertas que se abren en cada acode, para cada intento.

Sí, esta es la terraza del Museo Nacional deBellas Artes. Sí, esa es toda esta cantidad desopilante de invitados rozando las obras que cuelgan, o se apoyan, o flotan y se hunden. Sí, esos son porrones de Grolsch. Y sí, el bordó en los labios de todos es porque se sirve Emilia (Nieto Senetiner) en copa plástica, pero cumplidora. El último sí: todo es gratis y dentro del marco de lo consentido. Te parece imposible, pero Cumbiemos el Mundo se apoderó de la musicalización. Una voz humana, un cuerpo femenino, y una imagen que en su conjunto me hace sospechar que Jem y su holograma están aquí. Música, o lo que sea que esto es. Te parece inaudito, pero esto es una fiesta. Bellos Jueves podría ser la cuota de delirio mensual que todo quien se sienta parte de Buenos Aires debería probar. Amén. 

martes, 1 de julio de 2014

Los días se suicidan - Bellos Jueves en el MNBA


Los días se suicidan. Darse cuenta, despabilarse. Entrar al MNBA de noche un jueves que no es de este mundo. Y explicarlo, no obstante, con estas palabras. Recorrer un museo intervenido, subir escaleras, empujar una puerta muy pesada, sentarse en un banco de mármol, tener una buena amiga, salir al patio. Dar tregua. Estar vivo, y que no duela. Una banda que conocés, en un lugar que conocés y aún así, que la experiencia sea novedosa. Un cuadro lleno de preguntas, un busto lleno de respuestas, una sala llena de personas. Una cerveza de Holanda, una fiesta a la que están todos invitados, una masa de invitados de un círculo cerrado que se abre como una puta del mejor burlesque. Un caleidoscopio lisérgico de sonido en expansión, ruido que se transforma en proyección y despega al espíritu del cuerpo, que queda flotando entre estos marcos dorados, tan pesados y enormes. Las paredes bordó se van acercando, cerrándose hasta aplastarnos. Y en esa grieta, la música va naciendo desde instrumentos hechos a pequeña escala, al borde de la irrealidad. Esos sonidos, entonces, comiéndose el cuerpo, fa.go.ci.tán.do.lo. Una plaga que arrasa con todo lo que está a su paso, la materia de la superficie. Y la espera divina, porque es apenas un pasillo el que nos separa de ese angelito que lleva envuelta la cabeza del hijo de dios. Y de todos esos santos que son tan pero tan oscuros que podrían ser una tormenta. Quedar, entonces, de cara a la esencia. De cara o de ojete, eso es lo que no sé todavía. Los días se suicidan, porque saben resucitar. Éste lo hace todos los meses. Bellos Jueves.