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viernes, 29 de marzo de 2013

Absorbo todos los tés de todas tardes – Palermo.paseo


Que sea feriado, que el cielo esté celeste y limpio como el manto de la virgen que inspiró mi nombre y que el sol caliente este punto del globo en su justo punto medio es más de lo que me imaginé que la tarde de viernes me tenía preparado como regalo de Pascuas.
Mi disfraz para este fin de semana es el de turista en mi propia ciudad. El desafío es encontrar rincones para descubrir, laberintos para descifrar. En esta oportunidad, se trata del contraste. Oponer el paisaje que visité de noche en su versión diurna y ver qué tal está.
El atajo, qué seducción eterna la del vértigo de un atajo! Las vías del tren, la desconfianza para siempre de los cruces a paso nivel. El puente, el desafío más grande de todos. El miedo arraigado en los huesos, arrastrado desde siempre. Pero es cruzarlo y que se vaya para no volver más y estar parada después y al infinito en otro lugar.
Las tipas añejas, las calles con su ritmo cansino de auténtico barrio porteño, las hojas secas crujiendo, los barcitos en las esquinas sacando las mesas al sol. Cierro los ojos y grabo las imágenes como fotos mentales, que esto sea apenas el presagio del otoño que empieza a aflorar.

domingo, 3 de marzo de 2013

Un patio para pasar el rato - Sheldon



Tenía plena intención de ir a ver las estrellas, en el sentido más literal y astronómico. Pero al parecer ya vivo en ellas, o ellas en mi cabeza, y confundí los días y horarios y no hubo telescopios ni nebulosas astrales para mí por hoy.

Pero sabio y certero es el dicho que enseña que no hay mal que por bien no venga, y así fue que para amenizar las vueltas de las agujas del reloj me decido por birra helada + porción de fritas en un patiecito, hermano de nuestra predilecta terraza. Pero la familia extiende nuevos lazos, y esta vez se trata de MILES, una disquería emblemática de la ciudad, prima hermana que vive pegadita, casi intrusa, en este patio.

Señal del destino que aquí debo estar, desde Miles llega el sonido puro e inconfundible de las hermosas Taradas con su reluciente “Son y se Hacen”. No podría pedir mejor compañía durante la espera.

Sheldon es uno de esos lugares que está muy bien para ir con quien sea porque tiene plasticidad. Un vermouth con las chicas o una velada romántica, una charla amena o una rica cena. El lugar es bonito por donde se lo mire, y cumple con los requisitos que exigimos para aceptarlo en el listado que llevo en la GuíaT, y que uso cuando no sé a dónde disparar: el ambiente es relajado, imposible no sentirse cómodo y a gusto, la carta es amable, la barra es buena, descontando el patio y Miles, que le dan un tinte especial.

El trueque de destino salió bien, y la lista se sigue agrandando.  

jueves, 28 de febrero de 2013

Una terracita, por favor! - Esquina Libertad


El verano va y viene, noches de tormentas implacables o de temperaturas desorbitantemente elevadas nos confunden semana tras semana. No podemos saber a ciencia cierta qué nos deparará el pronóstico para mañana y desconfiamos más que nunca del Servicio Meteorológico Nacional.
Pero en esta noche de domingo y luna llena el clima invita, de lo más gentil, a reunirse y brindar. Motivos no faltan, algún reencuentro o bien fortuito o bien afortunado, algún recuerdo de esas vacaciones que se sienten ya lejanas y perdidas, alguna batalla cotidiana ganada, alguna pequeña novedad.
Y así, tarde pero seguro, me lanzo a la conquista de un nuevo bar. Caigo en la trampa del descanso dominical, me quedo con las ganas de ese y derechito al Plan B: ESQUINA LIBERTAD. Vereda y terraza, lo que haya desde una hasta la otra pasa completamente desapercibido para mí. La bebida en jarra es una señal inequívoca, si hay jarra hay relajo, hay pausa, hay descanso, hay comodidad.
Y en eso estamos acá arriba, sentados porque así es la pauta, rodeados de macetas con plantas verdes y fuertes que se erigen un  poco fuera de control. Suena el disco, bajito y desde el fondo, pero las canciones van de principio a fin y yo me asusto: y si el intérprete no me gustara? Pero no es el caso, no hay nada de qué preocuparse por ahora.
Y así las cosas, la velada se pasa de lo más amena. Una vez más, el plan anti-domingo funcionó de maravillas y Esquina Libertad se suma al listado de terracitas para visitar antes de que el verano se haya hecho recuerdo.

viernes, 15 de febrero de 2013

El (otro) Álamo


Se está gestando la tormenta, ese instante previo a lo evidente en el cual la pandilla de nubes grises, oscuras y densas asaltan el cielo, en complicidad con esas ráfagas de viento que hacen girar en trompo a las hojas crujientes y el polvo se levanta dando inicio al ritual. 

En ese contexto de magia y deseo tuve mi bautismo de agua en dos ruedas tracción a sangre, y así fue como me transformé en una persona nueva y buena. Este suceso amerita festejo, y con la brisa nueva de noche de verano vamos a por una fresca en esa nueva sucursal de la que nos llegó el rumor, y nos termina de convencer el factor terraza, como siempre.

Directo a la planta alta, a la barra de la planta alta, para ser precisa. El muchacho del otro lado nos devuelve una jarra, símbolo inequívoco de verano, y la jarrita es simpática, plástica y coloreada, como la de una fiestita infantil. Los vasos también son plásticos, para no desentonar. 

La música no llega nítida, pero lo que llega responde bien a mi gusto personal, y acompaña a los jóvenes amistados que no completaron las plazas disponibles, pero se los ve risueños y tiroteando a más no poder.

Las paredes que delimitan el perímetro son coloradas, y contrastan con las siluetas negras de unas palmeras datileras, quizás para que la barra, con unas cañas de simil bambú, no se sientan solas. 

Claramente, un lugar que responde en un ciento por ciento al concepto "previa", que tan extraño me resulta. Un lugar para pasar a tomarse unas jarritas a un precio razonable, conversar relajadito, y seguir. 

lunes, 11 de febrero de 2013

Oh Sugar Sugar


OMG! It’s been ages!

Cuánto tiempo, qué es el tiempo? Sea cual fuere la respuesta para cualquiera de las dos preguntas, no salgo de mi asombro. Como viajando en el túnel del tiempo, me muevo como si estuviera recuperando decenas de fines de semana  perdidos, joven otra vez, inocente, asustada pero plena, insegura pero inconsciente.

Se ve que de mocita me gustaba el quilombo, pero la buena música desde siempre, cosa  que agradezco y celebro con todo el cuerpo. Esta sonrisa gigantísima será nueva o recuperada?

Hay lugares que ofician de santas sedes para esos momentos bisagra donde asistimos a nuestro propio renacimiento, cuando resurgimos de las cenizas que quedaron después del incendio que quema el corazón y la cabeza.

Años a, después de ese apocalipsis personal, tuvo lugar el bautismo y la bienvenida a otra de mis 7 vidas, y este fue el templo donde el ritual se inició.

Visitarlo de nuevo fue recuperar la valentía, o la alegría, no sé bien, es tan delgado e incierto el límite que las divide. Por eso le comando a mi cuerpo que deje de moverse un momento y cierro los ojos, me persigno y rezo: por muchos más templos, cientos de bautismos, miles de encuentros.

viernes, 1 de febrero de 2013

Una noche en... Unicorn Huset



Mañana es feriado, otra vez, y se asoma en mi calendario paralelo algo parecido a una obligación: salir hasta tarde, dormir hasta tarde. Se desata la lucha que siempre se da en estos casos entre mi cuerpo, cansado, y mi alma, ávida de experiencias nuevas. Sólo una cosa me detiene. Pienso en abandonar mi bunker perfectamente acondicionado a 24 green friendly grados, y lo pienso 2 veces. Sé muy bien que en esta contienda no tengo chances de retirarme triunfadora, el calor espera a la vuelta de cada esquina dispuesto a dar pelea sin tregua.

Ducha helada, vestimenta hiper liviana y salgo con los tacones de punta a romper la noche. O no, más bien que ese no es mi estilo, pero salgo lo mismo, puesto que guardo la ilusa esperanza de ser recibida con fresca piedad en la tierra prometida de las terrazas palermitanas. Grueso error, la ilusión. Las leyes de la física no pueden ser sobornadas, y el aire caliente asciende también en Unicorn, recinto estratégicamente ubicado en el corazón de Palermo, donde me encuentro sumergida, literal.

Esta vez, lo que hace brillar estos valientes cuerpos, valientes porque se resistieron al refrigerado abrazo de los espacios con garantía A.A., no es el glamour sino esas gotitas de sudor que los envuelven.

Sea como fuere, más allá del calor la estoy pasando bien. Unicorn me gusta, me gusta porque al descorrer el telón de terciopelo se extiende un universo finito con aires de exclusividad. Muchachitos bien delgados y no demasiado altos, para no romper el equilibrio forzado al que nos somete el nuevo milenio, muchachitas de lo más modernas y bonitas. Música fresca, cool y un ambiente muy bien logrado que permite elegir entre estar cómodamente sentado, al aire libre o bajo techo, y quien se anime puede bailar en esa pequeña pista de cuadrados de colores.

Tomo distancia y nos miro de lejos y me resulta que todos aquí parecemos como salidos de la foto de portada de una revista que cubre una de esas fiestas top del verano. Visitar Unicorn puede ser un paseo Caras. Nada mal, para nada.

lunes, 28 de enero de 2013

Museo Sívori


Extrañaba esos lugares que elijo para huir de la vorágine pero que paradójicamente están emplazados en el centro de la misma, y así fue que decidí deliberadamente ir a visitar el Sívori. Es la hora del ocaso, ahí cuando el día y la noche se unen en un abrazo que estalla en esa fusión de colores imposibles de imitar. Necesito ser testigo, necesito no dejarlo pasar.
Sé que voy a encontrarme con contraluz, de Juan Gatti, pero sé perfectamente que eso será el efecto secundario de mi dosis de sosiego. Claro que la exposición es exquisita, porque el artista lo es también. Pero esta vez yo sólo quiero rescatar al Sívori como otro de mis bunkers citadinos.
Si la Ciudad estuviera en llamas me complacería dejarme envolver por lenguas de fuego, si es que ellas se decidieran a pasearse por el Museo. Que me encuentren festejando por dentro el placer inmenso que me produce ese cubículo donde se erige insolente el tronco de una tipa y veo sus raíces a la altura de mis hombros; o que me encuentren sentada en el banco de madera al lado del niño de piedra mientras me dejo envolver por el sonido del tren, latido del corazón de las ciudades en llamas.
Levanto los pies del piso, cierro los ojos y me dejo envolver por el ambiente. Es un viaje fugaz, pero certero. Llego a destino, me encuentro conmigo, tomo la punta del cable, junto todas mis fuerzas y lo arrojo lo más lejos que puedo. Porque de eso se trata mi paseo por el Sívori: cable a tierra.

miércoles, 9 de enero de 2013

Rey de Copas



Cuando la compañía es grata es sencillo encontrar el lugar propicio para disfrutarla. Y si bien yo misma no podría contradecir tal enunciado, es también cierto que de un tiempo a esta parte me he vuelto más exigente y quisquillosa a la hora de elegir la mejor locación para disfrutar el glorioso sabor del sábado a la noche.
Es que son tantos los días que discurren lentos y monótonos hasta su llegada, cuando las agujas del reloj marcan la medianoche del viernes y entonces esta insípida cenicienta de oficina se transforma en una anónima habitué de los barcitos de moda, que me siento en la obligación de elegir sólo a los mejores.
Claro que no es tarea fácil, ni puedo tampoco decir que en todos los casos me retiro del campo de batalla triunfadora. Mi lado más instintivo me obliga de cuando en vez a arrojarme a la aventura y dejarme guiar por el olfato y la intuición.
Y así fue como di con Rey de Copas, un pequeño paraíso que yace detrás de un estrecho pasillo a la vera de ese río agitado que es Gorriti los fines de semana.  Se trata de una casona transformada en restaurante y bar de tapas, donde ir por un Campari es lo más parecido a tocar el cielo con los manos. En lo que a materia de bares respecta, por supuesto.
Rey de Copas lo tiene todo, sólo que exige suma atención para notarlo. Se trata de un espacio lleno de rinconcitos y de pequeñas sorpresas. Mires a donde mires va a quedar tu mirada suspendida por un rato, descifrando. La búsqueda del tesoro, pero del mejor tesoro, porque los premios son variados: trompetas, espadas, cornos, cofres, tapices, títeres, y ese grafismo en cobre que enmarca la pared detrás de la barra que quita el aliento. La barra hecha de durmientes fue, sin dudas, mi favorito.

 Alzo mi copa entonces, y brindo por las buenas compañías y las búsquedas fortuitas que llevan a buen puerto. Que las que estén por venir corran la misma suerte, y se sumen al mapa que indica dónde amarrar la barca en la próxima navegación.

jueves, 13 de diciembre de 2012

Tabla Negra


Es, es… MIÉRCOLES! Pero eso no es algo muy difícil de comunicar. Por supuesto que después de leer la palabra-día germinará en cada quien lo que el miércoles evoque para sí. Yo, por mi parte, siempre lo vinculé al número 3 y a los chicos de 5to. Nada descabellado.
Entonces, recapitulando lo que sabemos hasta ahora: es miércoles, la noche está entrada y muy bonita, y entre una cosa y otra ya estamos adentro de TABLA NEGRA, aunque no lo sepamos aún. Muchachos bellos y fuertes se saludan en la puerta, y como un pequeño milagro cotidiano miro al cielo y descubro lo que mi corazón busca: una terraza, una hermosísima terraza de verano.
Una escalera ondulante, música ascendiendo y lugar libre en la terraza: santísima trinidad. No puedo apartar la vista de esa suerte de guirnalda gitana hecha con lucecitas navideñas, botellitas de vidrio colgantes y cositas extrañas que no sé especificar pero me hipnotizan. La música es, sencillamente, perfecta. Suenan los Ramones, suena Sir Morrissey, suena la sensualidad y rebeldía inconfundibles de Deborah Harry.  Por fin lo veo, un cartel indicador que reza "Tabla Negra". Estamos donde y como queremos.  
Hasta aquí, todo marcha sobre rieles. Pero una palabra que quiero encontrar se esconde. Una palabra que me ayudaría a contar cómo son las cosas acá, a puntualizar de qué se trata este recinto emplazado en pleno Palermo Hollywood que crece más a lo alto que a lo ancho, donde la cerveza está fría y con eso alcanza, donde el acento de quien la trae es centroamericano, y eso encanta.  
Pasean por mi birome un montón de letras amontonadas que, medio confundidas y sintiéndose rechazadas se suicidan atrás de un tachón de tinta, su tiro de gracia. Se me llena la cabeza de palabras, me llegan todas juntas, de golpe, me cuesta ordenarlas. Miro los tatuajes que decoran los cuerpitos gentiles de los residentes: old-school! Eso mismo: un barcito cool, con un estilo semi old-school, con graffittis en las paredes y un DJ residente.
Es miércoles, es old-school: qué más podría pedir?

miércoles, 12 de diciembre de 2012

Río Café



Hace unas semanas vengo pensando en la feliz peligrosidad y en las cinturas de las que habla Pedro Fértil cuando hace comulgar la gloria junto a Copacabana y sus noches.
Pero hoy una sucesión de hechos desafortunados dejó a Buenos Aires patas para arriba. Aún así, quiero juntarme con mis amigas en esta noche de clima pos-guerra. El cuartel elegido: RÍO CAFÉ. No es una elección al azar, en Río hoy es una de esas mismísimas Noches de CCB.
Esquivamos los chubascos y, por fin, llegamos a la puerta. Nos recibe imponente, designio del charme que allí habita y así arranca la ladies night. Llegamos temprano, nos acodamos en la barra y, jarrita de por medio, nos vamos poniendo al día.
El horizonte de Río Café es inspirador: la pintada que ocupa toda la pared me hace pensar en el arte de tapa de algún disco de moda, el mármol que da media vuelta perfecta es de una exquisitez extrema, el buen gusto en la disposición de las mesas  me enamora y el patio semicibuerto es mi edén terrenal.
Las nefastas condiciones climáticas no impidieron que el salón y el patio sirvieran de guarida para los soldados que aún seguíamos de pie, dando batalla. El clima en Río es ameno y todo allí cuadra de maravillas: la música que suena bien, las luces en su punto justo, la barra que recibe gustosa cualquier exigencia y un ambiente apacible que bien puede ser la exacta definición de chill out.
Río Café: encontré el lugar donde esperar paciente el Día Del Huracán.

martes, 11 de diciembre de 2012

Un sábado cualquiera


“Sigo confiando en la asertividad de estar en el lugar y en el momento justo”, escribo esto en alguna pausa durante la gira de anoche, y como no hay mal que por bien no venga donde el reci que no vi termina la aventura empieza y el trío recién formado disfruta los primeros cocketeles de la noche en el agraciadísimo patio de Soria.  Una pasadita por Río Café, para no perder la sana costumbre, aunque el destino final (mas no el último) sea el Podestá, más porque el cuerpo pide baile que por ninguna otra razón. Visita a unos pájaros en la pared antes de tocar fondo en Miloca, y el sol hace horas que salió.
Lo que quiero decir, más bien: armar un buen combo y agrandar la noche cada tanto no está nada mal.

El Qetzal


Es necesario conocer la ubicación de las mejores guaridas de la ciudad para llevar con dignidad la espera hasta la gloriosa venida de Verano 2013, así que estos días estoy de investigación, ensayo y error. La rigurosidad científica junto con el calor húmedo que trae la primavera en trance me llevaron a realizar otra prueba piloto en El Qetzal y una vez más digo con seguridad: prueba superada.
El Qetzal es ese lugar en donde lo que reina es la comodidad, cruzar la puerta y decidir si patio o salón-sillón y percibir enseguida su potencial. Ir distendido a la barra, y vaso de vidrio en mano, descubrir en las paredes y en los rincones mensajes y arte en formato hoy.
La música, los pasillos, las mil puertas y algún componente que aún no logro descifrar me dan la pauta: guarida perfecta para esperar el verano.