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jueves, 17 de enero de 2013

Antares - Bariloche


Latitud Sur. Nada podría entusiasmarme más que estar acá abajo. El cielo está completamente despejado, las estrellas titilan con más intensidad y se multiplicaron, la luna es apenas el borde de una uña y un calorcito atípico nos envuelve con sus brazos hechos de sol y montaña. Lo más parecido a suerte de principiante que me haya tocado jamás.

No es nada original de mi parte, pero al mismo tiempo me motiva conocerlo en su locación vecina. La esencia se mantiene intacta, me alegra corroborarlo. Se trata de un barcito muy bien puesto, y suma atención en este punto, porque no es poca cosa. Un barcito bien puesto, cerveza artenesal variada y exquisita, atención de primera y un ambiente agradable y/o amigable, no me decido aún. 

Me acodé en la barra hace rato, y ya voy por la segunda del 2x1 (larga vida a 2x1!) que se me está subiendo al coco, aunque no reniego. ANTARES puede convertirse también en puerto seguro, sea donde fuere que nuestra barca se encuentre naufragando. 

Desde el Sur hasta mi Buenos Aires querido alzo mi pinta una y mil veces por la repetición, SALUD!

martes, 15 de enero de 2013

MANUSH - Bariloche


Llego levitando, vengo desde lejos, allá donde toqué el cielo con las manos y lo traigo adentro. Necesito volver a apoyar los pies en tierra firme, congraciarme con mis congéneres y ser otra vez terrenal (el Universo lo llevo adentro pero disimulado, no sea cosa de andar avivando giles). 

En MANUSH me tratan bien, y eso me gusta. Me sirven una cerveza artesanal, "elabortación propia", que me gusta lo mismo o más. Mi pecado: nachos con queso. Mi salvación: disfrutarlos sin culpa.

Me quedo un buen rato porque el clima distentido invita y porque el viaje de vuelta a lo mundano no es tarea sencilla. 

Aunque no lo sienta justo, lo juzgo: volvería aquí cada que pueda a sentirme viva y de tierra. Todos los vasos del mundo, de la mitad para arriba.



lunes, 14 de enero de 2013

BARILOCHE o Waterproof Lupe - Airly Lupe

Me gustó haber vivido el descenso como la primer vista panorámica de las que están por venir, la más abarcadora y general. Una señal, un llamado de atención a aterrizar los pies y la cabeza en Bariloche, consagrarme al Sur, transformarme allá.

No me gustan las expectativas porque incrementan el riesgo de enfrentar la ilusión a la realidad, y es tan difícil estar a la altura de las circunstancias cuando de fantasías se trata! Sin embargo, San Carlos de Bariloche me dejó sin aliento, sin palabras. Fue llegar y dejarme envolver por un torbellino de imágenes únicas, paisajes, vistas, postales en vivo y en directo, yo formando parte, siendo. Una aplanadora de sensaciones nuevas, extremas.

Estallido de colores fusionándose y separándose en el cielo y más allá de él. El ocaso, el amanecer, el horizonte, el pico de una montaña, un cerro, miles de cerros, el lago, las lagunas, el agua corriendo, fluyendo y un chapuzón en sus brazos gélidos para sentirme renacer. Trepar al cielo por el camino que marca la ladera de una cumbre y mi pequeña obsesión por el andamiaje de las aerosillas.

El Sur está infectándome, se mete adentro mío por los poros, me inunda los pulmones cuando inhalo, me corre en la sangre por las venas. Ya no miro con los mismos ojos ni escribo con el mismo abecedario.

A la buena del río y a la vera de Dios, que así sea lo que me queda de camino. AMEN.