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lunes, 1 de abril de 2013

Bosque – Vos qué? – Reserva Ecológica Costanera Sur



Existe en la ciudad de la furia un lugar donde hay pájaros y árboles, y senderos y un secreto. Un lugar donde el arrullo del agua calma el alma, que se escapa del cuerpo y se enreda gustosa entre las ramas y las hojas afelpadas de la planta que indica que estás en lo verdadero. Hay una vida que transcurre, sigilosa e impasible, a la vera del río, al costado de la monstruosidad de cemento que nos confunde y apaga. Hay un espacio que devuelve nuestros problemas en su dimensión real, la más diminuta, y nos libera la cabeza de ataduras innecesarias. Pero, seguro que la atención quedó flotando en el secreto. Y, claro que sí, hay un pasadizo en él, y ese pasadizo conduce al bosque. Ahí la vida es pura y paralela, ahí el ritmo de la naturaleza reina. Ahí nada interrumpe ni detiene el andar del ipacá o el caer de las hojas como una nevada, continua y perpetua. Ahí no hay miles de munditos que atacan, como guerreros de la confusión, la mente agotada. Ahí se respira lo bueno, lo puro y eterno. Ahí es donde recomiendo hacer la limpieza del alma, ligarla con el universo, desnudarse del enredo, de las conjeturas y supuestos hasta volverse uno con el bosque secreto.

lunes, 21 de enero de 2013

Bosque de Arrayanes o Lupe Mapu Malen


Llevo mi capa colorada puesta para que todos en el bosque puedan identificarme fácilmente. Llevo también la canasta de mimbre cargada de pies, scons, y frasquitos de mermelada casera confiando en que a la abuelita la puedan deleitar.

Voy caminando entre los árboles de arrayanes y los cipreses cordilleranos con mi andar ligero de niña buena saludando a los animalitos que cruzo al pasar.

Conozco el guión, conozco el final. Sin embargo, algo en el bosque está fuera de lugar. El encuentro se precipita, y antes de lo pautado siento como un puñal la mirada animal del lobo clavándose en mis ojos de nena de mamá. 

Presa del miedo, se evapora en el aire mi grito de socorro y queda retenido para siempre al filo de mi garganta, que bien quisiera aprender a aullar. Sostengo durante un instante, que me resulta infinito, la tensión en mis ojos. Desafío a la bestia y de nuestros cuencos orbitales nacen rayos de fuego que lo incendian todo.

Como si se tratara de una ceremonia secreta, damos en simultáneo un salto eterno y nos fundimos en el aire antes de volver a aterrizar. El lobo en mí. Los dos lo sabemos, el cambio es genuino, rotundo, irremediable. Aunque ambos seamos tristemente conscientes de que difícilmente los otros lo puedan notar.