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jueves, 11 de diciembre de 2014

y vamos vamos nena! - Santiago Motorizado en La Playita


Diciembre y su hálito apocalíptico. Diciembre siendo el final, un final. La Playita y su aura litúrgica, la barra-altar, el patio sagrado, las beatas paredes. En esta noche de jueves se aproxima el ritual, los devotos hacen fila en la puerta. Adentro, músicos y fieles vagabundean. La cerveza baja, el calor sube, y Santiago Motorizadoinicia la ceremonia: te juro quiero ser un buen pastor.

Secundado por batería Quintans y teclados Morita, el alma máter de El Mató a Un Policía Motorizado en su versión solista lidera la liturgia. Entre querer vivir en otra casa, esperar el salto evolutivo y pensar en vos, se cuelan salmos de otras religiones, y los leales al punk rock alzan sus voces en “Alguien como yo”. “El último sereno” y “Magnetismo” para el rebaño rati. “Amor en el cine”, “No me trates mal” y mi favorita por excelencia, “El gomoso”. Los nombres de estos pequeños momentos de culto, de unión, de amistad y amor. La palabra “nena” sigue siendo el mantra por excelencia. 

Al Chango no se lo ve, está con su guitarra ahí atrás de todos estos cuerpos pegajosos, que están apretados y de pie, encandilados por el canto sagrado. No se lo ve, ahí al fondo, al Chango se lo siente. Se reciben en la piel los acordes de sus canciones, se acumulan en el corazón la armonía vertical, las melodías horizontales. ¿Cerrará con “Algún día Jenny?”? El bastón presiona. Los cuerpos estáticos, empiezan a moverse despacito. Se deslizan, se intercalan. Encuentro en el camino al que alberga esa voz de estadio, “vamos chango, vamos Chango”. Nos da el gusto, es “Chica de oro” en esta noche que quiero que duermas conmigo. Noche de celebración, noche buena, buenas noches. 


Santiago Motorizado toca de nuevo con Bestia Bebé el Jueves 25/Dic a las 22hs en G104, Gascón 104

jueves, 18 de septiembre de 2014

oiga muchacha - Fémina en La Playita


“¿Qué haría yo sin lo absurdo y lo fugaz?”
F.K.

Ebba canta canciones en sueco, y aclara: “si nadie entiende nada, es porque no se entiende nada”. Y ríe de la misma manera en la que se ríen los árboles en todo el mundo. La naturaleza universal de la alegría. La madera de su guitarra es tan cálida como el modo en que se sonrojan sus mejillas cuando el público la aplaude. Está sentada en el escenario, sola, su flequillo enmarca la dulzura de la escena. Pero la música es su amiga, y juegan. Alterna la guitarra por calimba, sigue madera. Se le anima a una zamba, y en su estilo, embelesa. Canta una más a pedido, y riendo se disipa entre cumplidos que dan fin a su prólogo musical.

La Playita acompaña. Es de esos lugares que huelen a madera, aunque no sea. Que son como una barrica donde duerme el buen vino, y estando ahí adentro se siente reconfortante, templado y aromático, de incienso y resinas. En el patio hay plantas, sus hojas están carnosas y brillantes. Las gotas de la lluvia de noche-de-sábado-en-capital se resbalan por sus venas hasta estrellarse en el piso. Y la madera de nuevo, en esas ramas y esos troncos, exuda su olor a tierra y camino.

Mujeres bellas y fuertes. Si se pudiera resumir de alguna manera la esencia de Fémina, trío-fem de folk-rap fusión, que con una estética colorida y potente se acomoda en el escenario y acapara la total atención. Arrancan sólo maderas: guitarra y cajón. Ese será el hilo conductor. Sus voces son la del territorio latinoamericano, con todo el brío y el color. La primera es “Los senos”, track incluido en Deshice de mí, placa debut editada en 2011. Y antes de volverse el canto un verso, llega en onomatopeyas, en interjecciones de la voz, gritos que le ganaron territorio a la expresividad, dolor que no puede transmitirse sino de esta manera. De ser mujer, de ser nacer, de dar a luz hasta convertirse en ella. 

Una cuarta mujer se suma al espectáculo, baila las canciones. Su entrega es total. Su organismo en movimiento es la definición de expresión corporal. La canción vuelta carne y huesos. Asombroso, sacudón de los sentidos. La columna vertebral de la lista estará apoyada en Traspasa, editado a principios de este año. Guitarra, bajo y piano invitados acompañan la diversidad de géneros y ritmos. Presentan algunos temas nuevos, como “Arriba” y “Soula”. El momento en el que la respiración se corta y la piel se eriza es durante la performance de “El guacho”. Como brasas prendiéndose fuego, los versos que rapean recorren temáticas que queman, y en velocidad y acción lo colman todo. Es altísimo el nivel de energía en el que oscilan. Y el final llega con una vieja advertencia: oiga muchacha, nada es lo que parece. Y una sabia reflexión: si tal vez dejara de buscarte, ahi tal vez lograra yo encontrarte. 



Este sábado 20-sept se presentan en vivo junto a CeHacheRespira y Korobá en Matienzo

sábado, 13 de septiembre de 2014

Fémina en La Playita, aguante!


Fémina en La Playita, y puntual ♥

 chapoteando todo el día en la pileta de la fantasía, lalalalalaaaaa

https://www.facebook.com/events/689586327789056/


jueves, 21 de agosto de 2014

Noche de swing y amor - Los Bronson Brothers en La Playita


¿Cuántas cosas hacen del viernes el día perfecto? El motivo del pasado tiene nombre propio: Los Bronson Brothers, sexteto de swing gitano con menos de un semestre de vida que estremece los corazones más helados. La cita, puntual, tuvo lugar en uno de los puntos declarado bunker oficial. Si se incendiara todo o si, por el contrario, el mar llegara hasta acá, yo iría a refugiarme en cualquier rincón de La Playita. Me detendría en los detalles: la revistas apiladas en ese armario del costado, esa especie de altar que le anda cerca, el cartel luminoso que en cualquier foto delata la locación, el patio interno y hermoso donde estacionan bicicletas y macetas, la pared con los flyers de las fechas viejas, como evidencias de que la felicidad fue real alguna vez.

En ese mismo patio ardían en lo alto las estrellas y algunas nubes se paseaban como si tal cosa. Adentro, protegidos por una pared de atriles, los Bronson Brothers comandaban esta nave que viajó en el tiempo por el rato que duró el show musical y de baile. Vestidos para la ocasión, con una distinguida gala que ayuda a hacerse la idea acabada de lo que esa banda se trae entre manos, abrieron el equipaje y de la valija musical saltó un puñado de canciones sixties que inundó el lugar de sonido Nashville.

Despuntan con una de Louis Armstrong, van a pasar por las cuerdas del inmenso contrabajo Ella Fitzgerald, los Mills Brothers, Ray Charles y Django Reinhardt para la despedida. Los instrumentos van a acoplarse unos con otros con tanta suavidad que los aplausos no van a alcanzar para felicitarlos por apropiarse de estos clásicos con sello propio, vaya desafío! Quique Bianchi y Yani Bilo van a hacernos delirar con su baile, y Manolo Mandiga va a hacer su aporte en maracas y güiro para que unos boleros ablanden las corazas y el amor se apodere del salón.

Previo a que el último suspiro llegue a su fin, la magia se apura y termina primero. No sin antes una pieza final de baile para esta pareja que la descose en la pista y una “canción para chapar”, según estricta indicación de la fémina voz líder. Concluye de esta manera una puesta impecable de los Bronson Brothers en este cálido espacio. Se cierra la semana, se abre lo que sigue y me quedo con la idea de que un buen show es razón suficiente para hacer del viernes el día perfecto, todavía. 

miércoles, 7 de agosto de 2013

Navegantes de energía en La Playita



Chacarita contradictoria. Sede de los muertos, y al mismo tiempo (sic) de agujeros llenos de vida como, por ejemplo, La Playita. Cálida, como todas las cosas vivas de este planeta. Así es ella, hermosa y acogedora, llena de dulces detalles por los rincones. En su primer cumpleaños, invita al festejo y celebra con la visita amigos y bandas. Los mimos empiezan con un guiso de lentejas casero en una noche de viernes donde el frío arremete sin dar tregua, y el vino se ofrece en vaso y/o botella.

Arranca Suena Olivia, y proponen consiga propia: “romper el hielo”. Ritmos suaves para despuntar, arrancan como lo hacen en su EP “Marinero”, y de a poco van adentrándose en ese otro sonido, cumbiero y movidito. Algunos temas nuevos, y los músicos cambiando de posición e instrumento. Ritmo en la música, ritmo en el show. El teclado le da ese aire tecno, la batería marca sin detonar y las guitarras acompañan. Francisco Espeche rapea los versos, le pone el cuerpo y la acción a la canción. Y pide que se le pague con la misma moneda, buscando un poco de movimiento, a ver, un poco de baile. Despiertan, por fin, los pies inquietos. Se armó la cosa, el público corea con el corazón y repiten canción. Entre ritmos fusionados, baile y verso apurado, así Suena Olivia.

El ambiente está propicio para que El Hipnotizador Romántico y sus gitanos hagan de las suyas. “En mi placard”, “Sólo alimentas mis fieras”, “Movimiento Floreado”. Arrancan sin anestesia, inyección de ritmo, color y calor directo a las suelas. Ese clima de alegría que caracteriza su disco homónimo inunda el lugar del piso al techo. Nadie queda excluido de esta fiesta que proponen los juglares que le cantan al amor y a la ventura, y que con sus sonidos, que ejecutan prolijo y limpio, obligan al baile. “La visión del amor”, “Navegantes de energía” y el ya clásico “La Isla Bonita” se mezclan con canciones nuevas. Las chicas cerca del escenario mueven las caderas, desde el sofá llega una coreo improvisada pero sincronizada. Rocío baila, sirena que guía con su voz y sus movimientos sagrados. La Playita está de auténtica fiesta. “Radio romance” y una que seguro será su próximo hit para despedir la noche. Como un huracán que arrasa, nos dejan con la lengua afuera y el corazón en llamas.

Si es cierto que somos energía, el show de estas bandas dejó tanta fluyendo que seguro algunos muertos resucitaron del cementerio.

miércoles, 2 de enero de 2013

Santiago Motorizado – La Playita



Para Claurock, mi mentor predilecto

Supongo que va ser excesivamente temprano, pero prefiero la cautela a perderme el show otra vez. Estoy en viaje, la tecnología me juega una mala pasada y me veo obligada a llegar hasta La Playita por intuición. Voy caminando con la oreja bien cerquita de las puertas de las casas que descansan mansas en el barrio porteño de La Chacarita. Sucede lo peor, mi pesadilla se hace realidad y del 722 se escapan sonidos, algo que suena tan parecido a la música del Chango que la piel se me eriza.

Espero ansiosa que termine la canción y toco timbre. Como un canto de gloria el chico que me abre la puerta me aclara que estaban sencillamente probando sonido. Presa de la alegría, me dejo caer rendida en uno de los sillones que miran al escenario, iluminado por varias vueltas de lucecitas navideñas de las que cuelgan unos renos pequeñitos, blancos y dorados, junto a unas florcitas verdes y coloradas.

De este otro lado del escenario todo es ecléctico y austero, hecho a pulmón. Me provoca simpatía una heladera antigua atrás de la barra y un mueble simil mesita de luz que sirve de apoyo al parlante.

Santiago Motorizado arranca con su viola, roja como el corazón que abre y entrega, jurándonos querer ser un buen pastor. Se suman la batería y los teclados para imprimirle un tinte más rockero al último sábado del año.

Quiero despertarme y ver el amanecer, ese grito desgarrador de soledad nos deja a todos reflexionando, reviviendo los peores desamores. Pero el humor de Santiago nos arranca de esas imágenes paganas de amores lejanos y crueles “esta noche vamos a decir nena muchas veces”. Y no miente cuando lo dice, y ríe con esa sonrisa hermosa y diáfana.

Llega el turno de la canción que estaba secretamente esperando, y el Chango se confiesa gomoso, pero no sabe que es de esos que nos ablandan el corazón y nos lo nutren y colman. Un tema de Antolín para hacer del recital algo más salvaje, y uno de La Embajada Boliviana para hacernos viajar.
Tanto amor hace que se sienta el calor de verano en La Playita y yo toco el cielo con las manos cuando el bis trae Chica De Oro. Se vive un clima amigable y festivo, estamos unos pegados a los otros, cantando bajito y disfrutando interiormente del show.

El Chango avisa que se va con antelación, para que podamos ir cortando el hilo de amor que se extiende entre su música y nosotros. Haberlo visto fue adelantar unos días el brindis y el deseo de paz y de amor.