jueves, 18 de abril de 2013

Un valle de homeless - Valentín y los Volcanes en La Trastienda



La Trastienda tiene ese no sé qué que me cautiva pero no me seduce por completo. Como ese compañero de laburo con el que curtís, pero no terminás de dilucidar si te gusta por costumbre o si genuinamente es tu elección. Sea como fuere, es uno de los reductos a los cuales podés invitar al chico que te gusta pero no tiene mucho under encima, y eso le da una ventaja. Además, el sonido es prolijísimo, cosa no menor en el mundillo de los antros indies.

Más temprano que nunca, debidamente advertida por fallidos anteriores, estoy allí firme al costado del escenario pero presente justo a tiempo para 100.000 Reflejos, la canción que me da dolor de cachetes de la sonrisa inmensa que no me puedo contener. Pequeña Napoleón es el himno que le dedico todos los días de mi vida a mi hermana y guía, y escucharlo en vivo es siempre una caricia a mi alma hecha de nostalgia y amistad. Piedras al lago, ese abrir de ojos que busco cuando dejo girando “Play al Viejo Walkman Blanco”, y Baila conmigo, el empujón que a veces necesito para agarrarlo de la mano y que bailemos con una excusa universal.

En fin, Valentín y los Volcanes se lucieron con una lista cortita pero apropiada, lograron derretir el frío de afuera y la timidez de adentro, nos llevaron a los confines de la melodía sureña hecha canción, nos dieron ese abrazo de ritmo dulce que necesitamos para recibir lo nuevo. El gran hombre de este planeta y La novia robada son la despedida. Abrir las puertas para “Agua, Sal y Fiebre” y las ventanas de los corazones que con un dolor dulce miran al sur y extienden rieles que traen hasta acá trenes cargados de estribillos que cuentan de las revoluciones mundanas del espíritu homeless.

miércoles, 17 de abril de 2013

El sonido de otro mundo - Escuela de Trance en El Especial



Me gusta el piso tablero de ajedrez y las ventanas gigantes de postigones, las puertas-ventana también, con sus carteles de ´SALIDA´ iluminados al mango. Me gusta el pasillo que conduce a otro salón, también pequeño, también siniestro. Claro que nada me cautiva más que las escaleritas pegadas a la pared, un agujero diminuto en el techo para llegar al lugar donde mora el Señor del Sonido. Ay, pero esas escaleritas de hierro y esa ventanita paralela al cielo, como una puerta de Alicia!


Escuela de Trance es una aventura al krautpop, a un sonido de galaxias chocando entre sí, una pequeña revolución cósmica. Un poco culpa del sueño, otro poco del cansancio, los escucho y me imagino una nave espacial gigante aterrizando ahora mismo en ¿El Espacial? Los teclados, ellos también me la hacen delirar. Energías aporta su cuota a este delirio, Deprimido le da al show esa forma de bucle cíclico, y cayendo en la densidad del sonido de Escuela, el trance es verdadero y el cuerpo se habita de una oscuridad inusitada y repentina.


Un poco un cover de The Cure, otra canción que se deforma hasta ser una de Mateo, todo suena un poco desprolijo y casero, porque se trata de un grupo de niños jugando con sus instrumentos, divirtiéndose, tocando para los pibes. “Soy una nube rosa toda drogada”, faltaba mejor frase para definir la ceremonia de esta noche.  


Antes del final me retiro de la batalla intergaláctica abatida de cansancio y frío, pero me llevo sobre los hombros unos monstruitos verdes que me preguntan si me imagino, si me imaginó qué?, comiendo mandarinas en un cuarto de hotel.

La belleza del mundo - Big Easy Express, Emmett Malloy - BAFICI


Una peli es también un montón de otras cosas. Por eso me gusta ir al cine a verlas, porque ese es el universo en el que fueron pensadas, una proyección proyectada. Una peli en el BAFICI es también su cola, esa fila que se forma 10 minutos antes de la función convocando personajes de lo más disímiles. Inmiscuirme en sus conversaciones, cuidando que no se note: siempre algún cinéfilo empedernido que sin buscarlo imparte una enseñanza, siempre alguno que viene por vez primera, siempre algún curioso común y vulgar, como yo. Universo paralelo en el que convive por un rato la fauna más diversa, un universo que se gesta y se abre como una flor que vive 10 días en su 15° primavera.

Alguien a quien admiro mucho hace no mucho me dijo que el cine puede también tratarse de traer un poco de belleza al mundo, y eso mismo es lo que sentí durante los 67 minutos que dura BIG EASY EXPRESS: la mismísima belleza del mundo, comprimida en este film que no es ficción, y como documental tampoco me cierra. Una historia linda, la crónica de una gira en tren y cómo 3 bandas comparten su folk en las vías. Así de sencillo, así de conmovedor y así de absolutamente hermoso. Y si con estas 3 palabras alcanzara para transmitir lo mismo que llega a través de la pantalla, entonces me los imagino buscando en la grilla los próximos días y horarios.

PD. hace no mucho que lo admiro, hace no mucho que me lo dijo. ahhh! la magia de la coma.

martes, 16 de abril de 2013

Tototomás en El Especial



Lo de “video-bar” me resulta un detalle de lo más conmovedor, como esas cosas que quieren quedarse aunque el tiempo sea inclemente, como el video-juego del rincón.
A Manuel Embalse me lo perdí, y lo lamento por siempre. ¿Habrá estado tan divertido como la otra vuelta en La Oreja Negra? Ojalá!
Pero, si tengo que confesar, y cómo me gusta hacerlo!, en la visita a La Plata escuché al pasar que hablaban super bien de Tototomás, y esta fecha en Capital que los incluye me resultó un paso obligado en mi noche helada de viernes agotador. El sonido en este lugar es medio extraño, pero sus canciones son, de manera repentina y sin duda alguna, de mis favoritas. Cortitas y al pie, sus ritmos pegadizos, sus rimas intensas, sus armonías dulces, me hacen pensar que ellas son como el sonido de una lluvia de papel picado en la fiesta a la que están todos tus amigos invitados.
Abren con En Días Pasados, y ya del vamos me estoy enamorando. La seguidilla es invencible, yo soy ahora fanática vigorosa de su versión en vivo de Nada de Esto Pasó, La Nueva Ola, Agua de Mar. Aunque todas tienen un encanto que encandila.
Esa canción sin letra inteligible es el guiño, estos chicos tocan para divertirse y con esa bandera logran que su música se te vaya metiendo en el corazón, y en los zapatos también. Se despiden, y es como si cientos de fuegos artificiales estuvieran estallando, llenando el lugar de luz y fuerza. Colman los rincones de una alegría contagiosa, me gusta saber que los voy a poder pensar como una sonrisa gigante, llena de dientes inmensos y blancos, me sobran 40 razones para amar a los 9 totomases y sus canciones de amor y fuego. 

Seres Celestiales - The Capsule, Athina Rachel Tsangari - BAFICI


Me gustan las escaleras mecánicas que se lentifican cuando nadie hace uso de ellas, me dejan la ilusión de que la mecánica puede ajustarse a las circunstancias. Las miro fijo, me salgo de la fila y me dispongo a imitarlas. Fue maratónico mi día, dudé hasta último momento, me bajé del subte (la boca del subte…¿lo pensaron así? Entrar y salir de la boca de cuerpo entero, wow!) y casi no registré las cuadras que corrí hasta la sala. Recién desembarqué y casi me olvido de hacer el switch a modo disfrute.

Empieza mi recorrido por uno de los festivales del 7° arte que con más ansias espero, de sala en sala, de cine en cine, de barrio en barrio. Ésta va a ser la primera de una larga serie, así que me tomo este mecánico minuto para predisponerme a recibir todo el cine independiente del mundo.  
Mi primer contacto con el BAFICI es de lo más acertado, se trata de The Capsule, un corto que representa lo que en el Lupe.Undiverso es el cine independiente: nada de convencional en su guión ni en sus protagonistas, mucho énfasis en una estética por fuera de lo común y algo de animación intercalada de la forma más acertada. Esos demonios hermosos, sensuales y trágicos en clave de pasarela de París al borde del colapso colmaron mi hambre de algo extraño y ajeno en pantalla grande.  

Inicio mi maratón cinematográfica con el pie derecho! Espero seguir así, por la vereda de la sombra y la garúa finita.

lunes, 15 de abril de 2013

Limpieza de Otoño - El susurro de las estrellas, Antolín


Es curioso cómo algunos momentos, hitos personales, quedan marcados por canciones como si se tratara de algún pasaje fílmico y, sin embargo, se trata de lo más real de nuestra vida diaria. Mi visita al Bosque de Arrayanes es, sin dudas, “La Casa del Árbol”. Es Anti-El Oso pero también Scoutismo para muchachos y Días del futuro. Cada vez que ese disco de Antolín llegue a mis oídos por deliberada decisión o casualidad bendita va a invadir mi corazón el susurro de los lagos del sur y el crujir de las hojas caídas.
Hoy, como regalo de cumpleaños, está para descargar “El susurro de las estrellas” y no puedo evitar pensar cuál de todas estas canciones será mi otoño del corriente, mi atardecer con el flequillo agitado por el viento, con el vapor del té pegado a la nariz, con las manos ajadas del frío y el alma apretada de amores enterrados.
Panteras en el parque es, por ahora, la que pongo en ► sin parar, pero son exquisitas todas y cada una de ellas. Bienvenido al mundo “El susurro de las estrellas”.

CANCIONES PARA LA LIMPIEZA




Originalmente, esta idea nació como una propuesta para sugerir canciones para escuchar mientras aseamos el hogar, al borde de ser un servicio a la comunidad. Pero enseguida noté, no sin cierta congoja, que no sólo el hogar necesita limpieza. También la cabeza, después de la polvareda que levantan algunos pensamientos cuando se encierran ahí adentro a rebotar y rebotar de oreja a oreja; también el alma, cuando es víctima del estrago que deja a su paso algún flechazo de amor perdido que recibe de segunda, algún gesto mínimo erróneamente interpretado, alguna vieja herida que supura amor todavía; el cuerpo, al día siguiente de la juerga, mareado todavía por la curda en que se ahogó. De modo que bajo este lema podrán ustedes entonces encontrar música para la limpieza, esperando que sus demonios se exorcicen de cuando en vez.