jueves, 28 de febrero de 2013

Una terracita, por favor! - Esquina Libertad


El verano va y viene, noches de tormentas implacables o de temperaturas desorbitantemente elevadas nos confunden semana tras semana. No podemos saber a ciencia cierta qué nos deparará el pronóstico para mañana y desconfiamos más que nunca del Servicio Meteorológico Nacional.
Pero en esta noche de domingo y luna llena el clima invita, de lo más gentil, a reunirse y brindar. Motivos no faltan, algún reencuentro o bien fortuito o bien afortunado, algún recuerdo de esas vacaciones que se sienten ya lejanas y perdidas, alguna batalla cotidiana ganada, alguna pequeña novedad.
Y así, tarde pero seguro, me lanzo a la conquista de un nuevo bar. Caigo en la trampa del descanso dominical, me quedo con las ganas de ese y derechito al Plan B: ESQUINA LIBERTAD. Vereda y terraza, lo que haya desde una hasta la otra pasa completamente desapercibido para mí. La bebida en jarra es una señal inequívoca, si hay jarra hay relajo, hay pausa, hay descanso, hay comodidad.
Y en eso estamos acá arriba, sentados porque así es la pauta, rodeados de macetas con plantas verdes y fuertes que se erigen un  poco fuera de control. Suena el disco, bajito y desde el fondo, pero las canciones van de principio a fin y yo me asusto: y si el intérprete no me gustara? Pero no es el caso, no hay nada de qué preocuparse por ahora.
Y así las cosas, la velada se pasa de lo más amena. Una vez más, el plan anti-domingo funcionó de maravillas y Esquina Libertad se suma al listado de terracitas para visitar antes de que el verano se haya hecho recuerdo.

martes, 26 de febrero de 2013

FESTIPULENTA Vol.16 – Día 1 – Parte III



Hay un pasillo. En el fondo, hay un pasillo. Hay una puerta, en el fondo hay una puerta que da a un pasillo. Y cuando se cruza esa puerta, hay aire limpio y nuevo, hay gente comentando, fumando, riéndose y de paso. Hay bicis también, hay músicos escondidos en un cuartito más atrás todavía. Me gusta, una vía de escape, un pequeño escondite, otra puerta de Alicia.

Testimonio abrazos de diferentes tamaños mientras al frente se disponen esos personajes de Tim Burton que suenan mucho, garage al mango. No dan respiro, es una constante de canciones una atrás de la otra.  Su estética sombría enmarca a la perfección su post-punk rabioso. Saben cuándo darle lugar al hit y hacer que adelante se genere un nudo de cuerpos entregados a su ritmo frenético. Es que Mujercitas tienen 10 años de recorrido transitado, saben lo que del otro lado se espera, y lo dan sin restricciones.

Finalmente, el rockabilly de terrorcitas se disipa pero algo queda flotando en el ambiente, de eso no hay dudas. Nos reubicamos, como piecitas de encastre, llenamos de nuevo el espacio acomodándonos cerca de lo que mejor nos hace, y felices resaltamos los grandes momentos. Nos miramos y brillamos, como si hubiéramos sido barnizados con una capa de under de la cual ya no vamos  a poder despegarnos, pero que nos hace fulgurar.

Con esa energía en mi aura me vuelvo a casa temblando, atravesé el Zaguán. Lo mejor debe estar por llegar. 

lunes, 25 de febrero de 2013

Festipulenta Vol. 16 – Día 1 - Parte II



Me sorprende gratamente la multiplicidad de ventiladores colgando por las paredes, me gusta el piso bicolor, me divierten las escaleras que conducen a lo que imaginamos será un camarín (una recámara chiquitita, pero no una re-cámara chiquitita. Pero cómo será un re-camarín? Suena a contradicción). Feria de libros, comics, algunos discos de edición independiente, remeras caseras para llevarse a casa. Me gusta el aire indie que lo invade todo y ese ambiente familiar y de fiesta, de delirantes que transformaron en real el entusiasmo por el under, por vez nro. 16.  

Y así, asomándome a esto por vez primera, en el medio de mi descubrimiento llega el turno de CARMEN SANDIEGO, la banda uruguaya que cruzó el charco para venirse a tocar acá. Y mi vida seguirá siendo la misma después de verlos, pero le agregaron magia a mi noche. Los charrúas la saben agitar, el orden en su lista de temas tiene una coherencia que refleja su estilo. Bajan y suben, las cuerdas explotan, la batería vibra. Buenas voces, buenos coros. Me hicieron saltar, abrieron mis venas un poquito, mi sangre rioplatense hirviendo apenas. OK, voy a confesarlo: con Piba Chorra me canté todo!

Recupero el aliento, pero sólo por un momento. Mi corazón se agita, mi pulso se acelera y mi alma está por salirse del cuerpo. VALENTIN Y LOS VOLCANES en el escenario. Arrancan enrocados, presentando una canción de Jo que suena deliciosa, son 4 minutos de puro amor antes de volver a los lugares de siempre.

Qué puedo decir de estos hermosos valentinos que no se haya dicho ya, pero lo que despiertan acá abajo, de eso sí. Este grupo de homeless en el que enseguida nos transformamos cuando coreamos con la garganta de fuego esos estribillos agridulces, bailando en círculos infinitos tomados de la mano para no caer, pero sí flotar. Aspirando gota a gota las notas de ese cover de Daniel Johnston que se fuga enseguida, y así es como se da esa magia volcánica que nos transforma en pequeños napoleones buscando conquistar el día más feliz. 

domingo, 24 de febrero de 2013

FESTIPULENTA Vol.16 – Día 1 - Parte I

Vengo pensando en el nombre del lugar, que me descola y me fascina, como esas pequeñas cosas prohibidas que traemos de la infancia: las conversaciones de los grandes, los cajones de la cómoda del abuelo o el vestidor donde duerme, silencioso y tentador, el vestido de novia de mamá. Y el zaguán, también el zaguán.
Cientos de zaguanes en mi haber, cuántos diferentes me habré imaginado mientras leía los cuentos que forjaron mi esencia, ese principio donde nace lo que se está por desatar, donde sabemos bien que los gestos de amor valen más por la prohibición que por el placer.
Pero hoy la noche está templada, la luna brilla y mi imaginación descansa lejos. No me figuro cómo será éste, pero secretamente espero poder saborear el dejo de ese significado que detentaron otrora.
Tengo una pesadilla recurrente: Llego a la puerta de Zaguán Sur el día de la FestiPulenta, hay una fila en la puerta y la banda que me gusta ya empezó a tocar.
Pero prontísimo esa pesadilla se transforma en sueño cuando a toda marcha me escurro entre la gente hasta quedar de frente al escenario. Es que necesito llenarme de la música de LAS LIGAS MENORES antes de poder prestarle mi atención a cualquier otra cosa. Vine buscando los prismas musicales para poder descifrar el FestiPulenta, así que araño si apenas los últimos temas, y el bis que no da más de energía.
Su colección de canciones que reúnen desencuentros y anhelos teens, esa millonada de guirnaldas para decorar el vacío, esas tardes que se vuelven negras,  esas ganas de recordar de la manera más feliz la fugacidad de lo verdadero. En fin, esa música que sangra con guitarras casi distorsionadas y coros pop para amenizar.
Feliz de haber hecho bailar a mi corazón la melodía que lo vuelve joven y rebelde otra vez, porque me sigo preguntando si está muy mal si ya nada de verdad me importa y me la quedo tarareando porque ahora sí, estoy lista para mi cita a ciegas con el ZAS.

martes, 19 de febrero de 2013

Mateo de la Luna en el Matienzo

- Con el miedo se podría hacer lo mismo que con el frío, respirarlo y se pasa.
- Además, una vez que lo cruzás ya estás en otro lugar, es difícil que vuelvas atrás.
Los permisos de esta noche son holgados, así que hago lo de nunca y me rindo. Voy a vivir un ratito la vida que viven los rockeros, voy a mezclarme entre ellos, mimetizarme, disimularme, y voy a entregarle mi cuerpo (y mi alma) a la música de Mateo de la forma más genuina y apasionada.
No esperen entonces, ni esta vez ni ninguna, que les cuente la cronología de forma objetiva. Me divierte compartir lo que me pasa a mí en los lugares a los que voy y plagar los párrafos de sensaciones viscerales, emociones auténticas, como si relatar algo que sucede en vivo fuera estar vivo, y al mismo tiempo, vivir a través de eso.
No es ningún secreto cuánto me gusta Mateo de la Luna, si dijera que son mis favoritos no estaría exagerando. Aunque, claro que la lista es infinita y cada banda me colma en espacios y necesidades diferentes.
El recital es una verdadera fiesta, no es de dimensiones magnánimas pero los que estamos ahí dejamos el corazón levitando muy cerquita del escenario, y la voz a gritos coreando rabiosa.
Suben amigos a cantar canciones, y lo hacen de la forma más relajada e intensa, lo disfrutan, se respetan y se admiran entre ellos. Yo me siento una testigo privilegiada del amor musical, y entonces hago una estampita mental para poder rezar todas las noches que así sean los recitales por venir.
Rayocanción es una fiesta, pero Él es mi amigo e Iván no se quedan para nada atrás. Como una rana es un himno, nos movemos en masa y bailamos en una danza que es trance y La energía de los planetas hace explotar la razón.

El confeti no tiene lógica alguna, son papelitos flotando en el aire en todas las direcciones, en cualquier momento. La sorpresa de encontrarme con mi canción predilecta y estar en el fondo del océano me deja sin aire, y ya no respiro oxígeno sino sonoridad hecha de poesía y melodía terrestial.
No se equivocaría el observador que me acuse de que de lo más campante fui perdiendo el control, pero imposible mantenerme inmutable cuando la daga de las melodías mateas entra profundo al corazón. Mi casa está donde suene la música que despierta el alma, que la acaricia y le da un abrazo torbellino, y lo transforma en algo más noble y sensible.
La intensidad y fuerza no desciende en ningún momento, se vibra el reci de principio a fin, pero cuando éste llega resulta que para mí es apenas si el principio.
Cuando finalmente me libero de los papelitos que resistieron el embate y se escondieron sujetándose bien fuerte a mi piel, abro la cajita multiforme y me voy a dormir, feliz y nueva.

lunes, 18 de febrero de 2013

Thes Siniestros en el Matienzo

Me gusta darme algunos permisos, aflojar un poco la soga y sentirme jugar. Hoy voy suelta, levitando despacito y marcando mi propia cadencia. No comando el tiempo (por ahora) pero sí soy ama y señora del ritmo que le imprimo a mis encuentros con lo que más quiero. Y es por este sencillo motivo por el cual no llego tarde, sino justo a tiempo.
Justo para la canción del ciprés, que me arrastra hasta el bosque, y asumiendo que ese el designio que signa el resto de mi noche, me entrego al ritmo siniestro.
Los chicos tocan rudo su rock psicodélico y se preguntan quién armó este lío, y yo escondo la cabeza como un avestruz, porque no quisiera que vean mi rostro de niña jugando con fuego. Aunque, de este  otro lado todavía estamos precalentando y somos apenas un río manso.
El viernes y el calor pegajoso surte efecto, y una parte del público está acomodada en el suelo, apenas moviendo la cabeza al compás.

Suenas sólidos, íntegros, meten una atrás de otra y, sin prisa pero sin pausa, la noche va discurriendo y Thes Siniestros echando su manto sonoro de ritmo frenético sobre todos nosotros.
Si no se piensa en el calor y uno se anima a cerrar los ojos y dejarse guiar, se puede sentir la brisa leve de la risa lisa, el lago y la montaña, y la calidez que da la vieja cabaña. En fin, este encuentro es la versión en vivo del viaje por esa sucesión de paisajes y escenas por las que Thes Siniestros pasean en sus canciones, imprimiéndole ese sello de poesía rítmica y travesía constante que detentan sus letras y melodías.
El bis es estricto, apenas si una canción más. Thes Siniestros han dado un show impecable, y dejan todo listo para lo que está por venir.

domingo, 17 de febrero de 2013

Shakespeare Inédito – C.C.Recoleta (pero la terraza!)


El cielo está aguantando el chubasco, y yo la insoportable levedad de mi endeble ser. Me sobran las ganas, el tiempo y los motivos para festejar. Sin mayores preámbulos, abandono  la espera absurda, el encierro forzado y aterrizo en la terraza de uno de mis bunkers favoritos.
Me espera una silla plástica acomodada de cara al centro del escenario, y enseguida la obra comienza. Un clarinete y un órgano pueden salvar al mundo! Bueno, cuanto menos a mi mundo. Y eso no es poca cosa, porque este pequeño Undiverso es frágil (tan fácil de manipular, ay! Quién lo comanda esta vez…?).
Cinco de los personajes más emblemáticos del exponente máximo de la literatura inglesa se presentan sobre el escenario mientras el público, a viva voz, repasa las características más sobresalientes de cada uno a medida que el director los introduce. Se proponen algunas temáticas genéricas, y entonces Otelo, Julieta, Lady Mcbeth, Ricardo III y Hamlet comienzan a interactuar en clave de improvisación bajo las órdenes susurrantes del director.
Las ocurrencias son ingeniosas y gráciles, y la trama se va armando en un marco shakesperano bien logrado. Se trata más de una experiencia teatral más que de una obra de teatro, y aunque la improvisación produce en mí una sensación de vértigo mezclado con angustia, me permito largar unas cuantas carcajadas.
Sea como fuere, no puedo dejar de ser quien inevitablemente soy, y aunque las personas detrás de los personajes han desempeñado una labor excelsa, quienes brillaron con luz propia iluminando mi abatido corazón fueron los dos músicos, regalando un auténtico sueño de una noche verano.