miércoles, 9 de octubre de 2013

MPMP, por favor


 Cuando la primavera se retoba, hay que salir a buscar el sol donde sea que esté atrapado. En una casona hermosa, renovada y gigante en la calle Pringles, en una canción que habla de un verano transparente, en algún poema ramonero, en la música que sale de una guitarra persiguiendo un poema, en un proyecto infinito. Y puede pasar que te metas en el nuevo Matienzo y MPMP traiga todo eso junto, en un orden celestial que colme el lugar de luz y energía. Y entonces, conquistar el mundo te parece cosa de todos los días porque el lugar está repleto de poetas que lo hacen con sus textos, y los recitan y a vos te tiembla el corazón, y eso te recuerda que estás vivo y no podés contener las ganas de decir a viva voz ¡aguante todo! Tu mayor deseo esta noche es que, por supuesto, todos los jóvenes de Argentina se enlisten en las filas de las palabras sentidas y que por fin haya más poesía y menos, mucha menos, policía. 

Taller de Literatura y Rock


Una vez, Lupe quiso instruirse, se anotó en el Taller de Literatura y Rock y se abrieron miles de puertas. Todo gracias a la pluma rockera y literaria tan excelsa de Julia Gonzalez.

miércoles, 2 de octubre de 2013

Personalmente creo que todo esto es una locura - LAS PELOTAS en Groove


Como si todos los días de la semana pudieran entrar en el último y fuera una eximia alquimista en el arte de condensar el tiempo, me apuro el domingo a hacer todo eso que no hice: visitar a mis amigues, “¡Pero si somos familia!”, mirarte los dedos sin que te des cuenta, sentir pena por el cóndor y asistir como espectadora al santo ritual de un recital de rock. 

Llego con tiempo de sobra, y aunque todavía falte un rato para que Daffunchio y los suyos den inicio a la ceremonia, en las inmediaciones de Groove se respira nacional. Un pibe de espaldas, se ve que o no se aguantó o es de los que gustan marcar territorio a lo salvaje. Cortinas de metal sonando en golpes secos al ritmo futbolero del vamos, vamos Las Pelotas. Encontrarle un sentido a estar parados en fila esperando el milagro. Y yo, que pensaba que unos papeles picados en el momento más alto del show sería lo más rockero que vería en mi vida.

Por los pasillos, en el primer piso, en ese plato volador VIP, en todos lados hay pibas en zapatillas de lona y flequilludas, pibes con remeras de bandas, con pilusos en la cabeza, con espíritu rock. Me dejo fascinar por la imagen, veo una pequeña bandera agitándose adelante, algunos en cuero tratando de zafarse del calor de los saltos y empujones. La banda recorre serena la lista. Están todos los climas en su orden, todas los temas que se esperan. Letras que se convirtieron en himnos y se entonan con la misma solemnidad.

Litúrgico sucederse de canciones que no pasan de moda, porque nunca lo estuvieron. Próceres que empuñan sus instrumentos como sables sagrados que dan voz al desamparo popular, al amor cotidiano, a la pérdida común, a la denuncia. Feliz de haber formado parte hoy, cierro los ojos obligada y aplaudo con las manos y la memoria cada himno personal y compartido. Y aunque sé que ni esto es un estadio ni hoy una fecha mítica, ¿no debería ser siempre histórico cada vez que los artistas que construyen nuestra identidad convocan al rito?

martes, 1 de octubre de 2013

Tres minutos veinte – SLAM DE POESÍA ORAL, FILBA


La indecisión puede llevarnos a nuevos horizontes… y esos horizontes de repente están al alcance de tu línea de colectivo preferida y están buenos. Slam de poesía oral. La mayoría te asusta, pero la palabra “poesía” te genera la misma calma que el mar. La invitación dice a la medianoche del sábado, y los relojes de tu santa habitación marcan ese día y esa hora, y te parece prudente dejar el trabajo para nunca jamás y zambullirte a la aventura. Te instan a llevar unos textos en la cartera por si acaso, vos sabés que no, pero sos muy obediente para desilusionar de antemano.

La Oreja Negra rebalsa, como esas tazas pomposas de estos lugares de ahora, donde la crema batida da vueltas y vueltas y vos salivás de sólo mirarla. Acá, igual, la gente apoltronada te excita un poco. Ese entusiasmo que te provoca estar en el límite entre el adentro y el afuera, en el lugar y el día indicados. Ser parte. “Los que quieran leer, me dicen sus nombres y yo los anoto”, dice el Eric que es el Eric que no es. Aplaudís la democracia oral, te parece lo más maravilloso del evento. Hace un calor pegajoso, como de verano adolescente. Hervís de felicidad entre esas performances que rozan la lectura y el stand up. Tenés los ojos bien abiertos, los oídos dispuestos y el pecho abierto.

Las rondas son extensas, los estilos de cada poeta son dispares. Eso ayuda a estar atento. Entre ronda y ronda, hay música en vivo, hay chistes en vivo, hay vibra saltando de asiento en asiento. Los textos se escapan de los labios apurados, el tiempo apremia. Trepan, llegan a la cima, y bajan a fuerza de aplausos. Las horas corren disimuladas, y cerca de las 4:30 anuncian a los ganadores. De haber sido pública la votación también, hubieras elegido casi (casi) a los mismos 5 ganadores.

Se condensa la noche en el cielo y llueve a cántaros. La lluvia te empapa y el 15 te espera, caballero. En la ventanilla dibujás tu podio, y no sabés porqué todavía te reís sola, "no me importan tus segundos, Ñanu Ñanu". ¡Qué campeón, Xiet! ¡Qué campeón!