jueves, 19 de marzo de 2015

Me estalla el corazón de amor! - La Filarmónica Cósmica en Vuela el Pez


El calor constriñe. Esta ciudad marea. Mientras se hace la hora, la espalda apoyada en alguna vereda. Me demoró la calle, me demoró lo ameno de la charla, el vodka con hielo y esa rodajita de limón que no pidió, Oberá y su pañuelo colorado de arabescos paseándose mansamente delante de mis narices. Mi Undiverso se detuvo en este retrato perfecto, pero el reloj siguió corriendo. La Filarmónica Cósmica en el escenario. Entre las paredes y el techo de Vuela el Pez flota la tensión inicial, la que genera la ansiedad por el comienzo. El primer acorde de “La cosecha” la diluye automáticamente.

Con variaciones entre “Tres”, “Las mil y un canciones”, y el disco homónimo del 2009, la lista va modelando la energía a su antojo. Y hay mucha de ésa. Unas clavijas pueden cambiar el destino, y el presente, más que nada. Al fondo a la izquierda alguien comanda las teclas. Del embrujo de su sonido quedo prendada, mientras el bajo y la percusión acaban el fino trabajo de hacer sonar a la banda sensatamente. “Bajón violento” trae un duelo de guitarras digno de comentar. “Hombre de acción” y “Canción triste” van pegaditas, y generan un lindo efecto de sacudón. El cover de Yupanqui devuelve el orden al corazón. Repito fuera de tiempo cada verso, “debería hacerles los coros”, una idea terrorífica que se me mete en la lengua cuando suena “Palomas”.

No somos tantos, pero los que vinimos estamos disfrutando del trabajo bien logrado que habrán hecho probando sonido, ensayando debidamente. Son coherentes: no tengo los pies en la tierra, estoy en una canción. Momento de delirio y baile, “Chick Corea y Ringo Starr”. El final va asomándose, la última es la primera, y al ritmo de “Tres”, quedamos todos felices y bailando. En vivo sucede lo mismo que cuando gira el disco en el reproductor, siento que me estalla el corazón, me estalla el corazón de amor. 

El Gnomo y La Filarmónica Cósmica en Vuela el Pez


Lupe presagia: esta noche, se va a poner bien lindo Vuela el Pez


¡Tenés que estar ahí!

miércoles, 18 de marzo de 2015

Hoy te vi - Cabrera en el Konex


Había un monstruo de mil cabezas en mi cabeza contaminada. Había una vez un viernes. Había también un mito que lo ligaba a la tragedia. Había una ciudad, furiosa y acalorada, y un caos de tránsito que demoraba la llegada. Así y todo, la noche no da tregua. Un charrúa cruza el charco, de nuevo. El Konex lo espera, me espera, nos recibe, nos abraza. Cabrera, Fernando. La curiosidad, la ansiedad, la obsesión, la admiración tienen nombre y apellido, y raíces en el Río de la Plata.

“Canto de mujer”, “Punto muerto”, “La garra del corazón”, “Imposibles”. La lista de canciones se clava de una en el pecho. El cuerpo llega primero, y es lo primero que se desintegra. Desde el piso, el alma se alimenta. La música es religión, es ritual, es curación. La música es los ojos que sostienen la mirada, aún en esos instantes en los que ya no queda nada. La música sos vos, que todavía no llegaste, que ya te vas, que nunca estuviste. “…El planeta y el ser prevalecerán”, escucho el final de la presentación cuando Cabrera invita a Perotá Chingó a sumarse. Se funden sin anularse, bendita la alianza. Algo se expande, la melodía de “El tiempo está después” destruye las falsedades. La intensidad del momento es casi insoportable. Hay que entregarse. Mi primera comunión. Recibir la música popular como quien deja entrar un dios a su cuerpo, como quien es nido para que las alas de “Al mismo tiempo” se replieguen y por fin descansen.

“Por ejemplo”, el bajo de Malosetti. Y cómo no dejarse hipnotizar, cómo no caer rendido. Aunque ya se esté en el piso, aunque los aplausos desde el inicio no alcancen para felicitar. Homenaje a Yupanqui y Mateo. Tantos saltos, tantos rápidos y llegar a esta conclusión: otra noche sin tu amor, sólo a cuatro cuerdas, qué delicia, qué dolor! Pegado a aquel que canta milonga en tono mayor y anhelante conoce que en la platea va el corazón adelante podría ser la receta para aniquilar todos los males de este planeta. Seguimos acá, sentados admirando a Cabrera, susurrando apenas las letras, en un silencio absoluto respetando su arte en estado puro, en crudo. No recuerdo silencio semejante de cara a este escenario. Ni el 71 se anima a interrumpir el ritual de Fernando. Sube Liliana Herrero, y “Te abracé una noche” es hiel. 

Estamos escribiendo un capítulo de la historia, de esa que escriben los que no han ganado. Héroes ajenos a la performance y el estrellato. Acá alguien canta porque sangra, porque ama, porque está vivo. Por suerte, y a pesar de. Sin bis pero de pie, el público aplaude más allá de los límites de las manos. En ese abrir de brazos y entregarse, Cabrera se va. Trato ahora de traducir lo que leí en el aire: gracias por tus canciones, nada nos canta con tanta calma, desde que entraron, iluminadas.