lunes, 21 de enero de 2013

Bosque de Arrayanes o Lupe Mapu Malen


Llevo mi capa colorada puesta para que todos en el bosque puedan identificarme fácilmente. Llevo también la canasta de mimbre cargada de pies, scons, y frasquitos de mermelada casera confiando en que a la abuelita la puedan deleitar.

Voy caminando entre los árboles de arrayanes y los cipreses cordilleranos con mi andar ligero de niña buena saludando a los animalitos que cruzo al pasar.

Conozco el guión, conozco el final. Sin embargo, algo en el bosque está fuera de lugar. El encuentro se precipita, y antes de lo pautado siento como un puñal la mirada animal del lobo clavándose en mis ojos de nena de mamá. 

Presa del miedo, se evapora en el aire mi grito de socorro y queda retenido para siempre al filo de mi garganta, que bien quisiera aprender a aullar. Sostengo durante un instante, que me resulta infinito, la tensión en mis ojos. Desafío a la bestia y de nuestros cuencos orbitales nacen rayos de fuego que lo incendian todo.

Como si se tratara de una ceremonia secreta, damos en simultáneo un salto eterno y nos fundimos en el aire antes de volver a aterrizar. El lobo en mí. Los dos lo sabemos, el cambio es genuino, rotundo, irremediable. Aunque ambos seamos tristemente conscientes de que difícilmente los otros lo puedan notar. 

domingo, 20 de enero de 2013

Villa Traful


Las travesías en bus me resultan desde siempre un entretenimiento singular. No las considero en lo más mínimo una pérdida de tiempo, las vivo más bien como el espacio propicio para organizar el itinerario o repasar los destacaditos del viaje. Además, el ronroneo del motor y el vaivén cíclico de todas esas ruedas gigantes provocan en mí un efecto adormecedor contra el cual es inútil que luche. 

Me toca esta vez del lado de la ventanilla por donde se filtran los rayos del primer sol de la mañana junto a una humareda de cenizas y polvo que me obliga a entrecerrar los ojos, y no pasan más de 15 minutos que ya estoy dormitando. Ay, qué pudiera darme más felicidad que dormitar así! Mi mente divaga, condición sine qua non en este estado intermedio entre la vigilia y el sueño, y se pierde pensando en círculos y si será cierto que ellos son la forma geométrica perfecta... Frena el bondi, fin del delirio, a cargar la mochila y salir a patear.

La subida es breve pero intensa, el premio es escuchar la cascada del Aº Coa Co, ese murmullo de vida que ningún sonido puede igualar. Bajo a los saltos, casi como una liebrecita, y me siento en el muelle un rato a respirar. Otra vez el sonido del agua en movimiento, el lago chocando contra las rocas, marcando su ritmo incesante, eterno. Como una ráfaga de viento me asalta el pensamiento un círculo, pero ahora en espiral, y por fin lo comprendo. El círculo como ciclo, como el cambio continuo, como el agua fluyendo, el mundo en movimiento y todos y cada uno, cada cosa, cada suceso en unidad.

Estoy en Villa Traful, y esto también pasará. Pero ahora, estoy acá.     

sábado, 19 de enero de 2013

Viejo Fred - Villa La Angostura

Tomar una cerveza artesanal tirada y comer algo al paso, no puedo decir que esto sea nada fuera de lo común. Lo diferente esta vez es hacerlo a cielo abierto. En este cielo, donde no alcanzan los números para contar cada estrella, donde el aire tranquiliza la ansiedad porteña y deja somñoliento y contento al turista pasado de rosca.

Fundamentalista confesa de las mesitas afuera, pensé erróneamente que ninguna podría sorprenderme ya. Pero Villa La Angostura tiene una mística que hipnotiza. Todo acá se cocina a fuego lento, y las experiencias no son la excepción. Se respeta el tiempo de elaboración, se valora y se disfruta el proceso, se lo transita lento, se lo saborea.

Elijo Viejo Fred  para captar esta esencia, anotador en mano hago esta pequeña observación.

viernes, 18 de enero de 2013

Villa La Angostura

Existen cuentos de hadas y princesas, existen también películas de Disney de moraleja liviana y final siempre feliz. Existen canciones infantiles de rimas pegadizas y cuentos orales que van pasando de generación en generación.

Visualizaciones de la casa de dulces en Hansel y Gretel, del bosque encantando donde descansa la Bella Durmiente o del mundo subterráneo en el que viven saltarines y contentos los 7 Enanitos.

Existe, por supuesto, la imaginación. 

Pero atenti a lo siguiente: para quien busque superarla, existe en la provincia de Neuquén un lugar llamado Villa La Angostura. 

jueves, 17 de enero de 2013

Antares - Bariloche


Latitud Sur. Nada podría entusiasmarme más que estar acá abajo. El cielo está completamente despejado, las estrellas titilan con más intensidad y se multiplicaron, la luna es apenas el borde de una uña y un calorcito atípico nos envuelve con sus brazos hechos de sol y montaña. Lo más parecido a suerte de principiante que me haya tocado jamás.

No es nada original de mi parte, pero al mismo tiempo me motiva conocerlo en su locación vecina. La esencia se mantiene intacta, me alegra corroborarlo. Se trata de un barcito muy bien puesto, y suma atención en este punto, porque no es poca cosa. Un barcito bien puesto, cerveza artenesal variada y exquisita, atención de primera y un ambiente agradable y/o amigable, no me decido aún. 

Me acodé en la barra hace rato, y ya voy por la segunda del 2x1 (larga vida a 2x1!) que se me está subiendo al coco, aunque no reniego. ANTARES puede convertirse también en puerto seguro, sea donde fuere que nuestra barca se encuentre naufragando. 

Desde el Sur hasta mi Buenos Aires querido alzo mi pinta una y mil veces por la repetición, SALUD!

miércoles, 16 de enero de 2013

El Tronador o Lupe de Fuego

Vaticinio, acaso, de esas huellas invsisibles que nos persiguen para siempre fue la hipnótica voz de Marina Fages? Será esta LA provincia, soy acaso acá un avión cargado de bombas que explotan? 

Mi viaje al Sur, lo pienso, lo digo en voz baja como susurrándolo y lo escribo. Ese, el camino terrenal de mis ideas. Pero desde acá abajo manejo otros códigos, es tan abrumadora esta visita que olvidé el abecedario y no tengo más alternativa que construir uno nuevo.

Las vocales, alma y esencia de mi nuevo lenguaje, están ancladas en los senderos de El Tronador. El camino es ahora celestial: lo grito a viva voz a los cuatro vientos, lo siento, apenas si lo pienso, lo escribo encriptado en el viento.

Que el aire sureño lleve mi mensaje y mi voz llegue a tus oídos como un beso del viento.

martes, 15 de enero de 2013

El Tronador - Metamorfosis

esto NO es ficción

El tiempo no existe, sin embargo yo hace horas, días y meses que veo correr las agujas del reloj mientras queda mi pensamiento detenido en una única idea: el agua. El Universo que habito está inundado de tanta agua, el cuerpo que me envasa es en su porcentaje mayor agua, la tierra donde se erige la casa donde moro está rodeada de océanos y mares de extensión inabarcable y la voz que escucho cantar tiene el sonido de los lagos del Sur.

Pienso en el agua y el esfuerzo desmesurado que hago por apartar mi pensamiento de ella es completamente en vano. Pienso en su capacidad para redimirme de mis pecados y en la sensación hermosa que me deja una vez que pasa por mi cuerpo y lo recorre en la misma medida en la que lo refresca, y lo libera y lo purifica.

Pienso en cómo se me eriza la piel a su paso mientras la siento resbalando en mí, como una caricia desesperada. Pienso en gotas de agua, en pequeñísimos destellos de agua y también en chorros de agua desparramados a presión, insolentes y sin freno. Pienso en que en ella me reflejo, y que ella es a su vez el espejo de las cosas todas.

No podría vivir sin ella, pero en ella?

Aquí en el refugio se está bien. la montaña es cobijo suficiente, el bosque de lengas, alerces y arrayanes es el lujo que me doy mientras deliro en el sueño más profundo meter mis pies en esos zapatitos de virgen amarillo tecnicolor. El canto del chucao me arrastra por el sendero. Pampa Linda, quién pudiera dudarlo.

Anoche tuve un sueño tan extraño y sensorial, pero apenas puedo recordarlo. Todo se confundía y se mezclaba, la luz era sumamente intensa y yo caía en un túnel como en un tobogán, dando vueltas en espiral hacia abajo, vueltas y más vueltas.

Me desperté antes de que suene el chirrido irritante del despertador y traté de incorporarme, pero no pude. Fui presa del horror más visceral, y de la sorpresa di una vuelta en el aire. Mi cuerpo desintegrado. Cada fibra de cada uno de los músculos que me mantenían de pie desaparecida. No respirar, no inhalando y exhalando a cada rato. No pestañear, no necesitando más de los ojos para verlo todo. No el abecedario, no una boca muda que se abre y se cierra a mi antojo para no decir nada. No el hambre, no más ninguna otra necesidad, no saciando con sustitutos al amor y a la verdad.

Soy agua pura descendiendo, una catarata cristalina y helada cayendo con toda la furia, siempre en continuo fluir. Nada podría detenerme, nada podría perturbarme ni interrumpirme en mi perpetuidad hacia abajo. Acá el principio y el fin, el origen y el destino. Acá la fuerza misma de la unidad. AGUA. Soy agua naciendo en el deshielo, agua hecha de pureza y realidad.

Me desprendo lento, y en ese grito ensordecedor de lo que ahora soy asisto a mi propio bautismo: El Tronador.