domingo, 16 de diciembre de 2012

Pablo Mikozzi, Por El Lado Más Bestia


"No te gusta tu novia, dejala pero no la quemes. Tu mejor amigo puede estar interesado." - Pablo Micozzi, Por El Lado Más Bestia.
Risas a granel. Espacio para reírse de uno mismo y sus costumbres post modernas. Llamados de atención. A conocerlo!

sábado, 15 de diciembre de 2012

Pablo Malaurie en DESPACIO MARTINEZ


En viaje a Despacio Martinez voy recordando la primera vez que a Pablo Malaurie cantando sus canciones en el pseudo-escenario de esa dulce revolución que se agita sigilosa en el barrio de Barracas. Ese encuentro casual no fue amor a primera vista. Hacía horas que estábamos esperando que arranque la banda que nos había convocado a ese lugar remoto y desbordante de arte y poesía y la impaciencia se escondía atrás de la fascinación pero allá atrás estaba, de todas formas.
De pronto y sin previo aviso arranca Pablo con su guitarra, con su voz absoluta, con su prosa prolija y con el inconmensurable Nacho García al piano transformando el aire en algo disímil y ajeno. En ese momento, no podía apartar de mi cabeza un único pensamiento que se paseaba entre geishas, samuráis, peces coi y Shangai.
Con el correr de los días me fui habitando de esos sonidos malaurieanos, perdí el miedo a lo nuevo y ajeno y caí rendida a los pies de El Festival Del Beso. Hoy voy por El Beat De La Cuestión, deseosa de fantasía y magia.
Pablo está sentado en una silla, de piernas cruzadas, con su criolla en la falda. La luz es tenue, rojiza, las velas parpadean y el aire se mueve al compás de las aspas del ventilador. La guitarra de madera nos traslada a tierras lejanas. Entre medio se cuela una versión malaurieana de una balada mentettera, y ya no importa si el hit es Beat o Festival,  la música suena increíble lo mismo porque Pablo Malaurie es un artesano del indie.
Qué bien se respira hoy! No podría estar más de acuerdo.

jueves, 13 de diciembre de 2012

Tabla Negra


Es, es… MIÉRCOLES! Pero eso no es algo muy difícil de comunicar. Por supuesto que después de leer la palabra-día germinará en cada quien lo que el miércoles evoque para sí. Yo, por mi parte, siempre lo vinculé al número 3 y a los chicos de 5to. Nada descabellado.
Entonces, recapitulando lo que sabemos hasta ahora: es miércoles, la noche está entrada y muy bonita, y entre una cosa y otra ya estamos adentro de TABLA NEGRA, aunque no lo sepamos aún. Muchachos bellos y fuertes se saludan en la puerta, y como un pequeño milagro cotidiano miro al cielo y descubro lo que mi corazón busca: una terraza, una hermosísima terraza de verano.
Una escalera ondulante, música ascendiendo y lugar libre en la terraza: santísima trinidad. No puedo apartar la vista de esa suerte de guirnalda gitana hecha con lucecitas navideñas, botellitas de vidrio colgantes y cositas extrañas que no sé especificar pero me hipnotizan. La música es, sencillamente, perfecta. Suenan los Ramones, suena Sir Morrissey, suena la sensualidad y rebeldía inconfundibles de Deborah Harry.  Por fin lo veo, un cartel indicador que reza "Tabla Negra". Estamos donde y como queremos.  
Hasta aquí, todo marcha sobre rieles. Pero una palabra que quiero encontrar se esconde. Una palabra que me ayudaría a contar cómo son las cosas acá, a puntualizar de qué se trata este recinto emplazado en pleno Palermo Hollywood que crece más a lo alto que a lo ancho, donde la cerveza está fría y con eso alcanza, donde el acento de quien la trae es centroamericano, y eso encanta.  
Pasean por mi birome un montón de letras amontonadas que, medio confundidas y sintiéndose rechazadas se suicidan atrás de un tachón de tinta, su tiro de gracia. Se me llena la cabeza de palabras, me llegan todas juntas, de golpe, me cuesta ordenarlas. Miro los tatuajes que decoran los cuerpitos gentiles de los residentes: old-school! Eso mismo: un barcito cool, con un estilo semi old-school, con graffittis en las paredes y un DJ residente.
Es miércoles, es old-school: qué más podría pedir?

miércoles, 12 de diciembre de 2012

Café San Bernardo


A mitad de camino, o apenas si llegando a la mitad. No es el principio, tampoco el final. Eso es el martes, el día amorfo de la agenda semanal: ni chicha, ni limonada. Imperioso encontrarle la vuelta para poder llevarlo adelante y ganarle la batalla al tedio. Es por esto mismo que, aunque mi muñeca no sea un lujo, voy a ir a visitar ese lugar tan exótico que ancla sus raíces en la tierra que descansa mansamente bajo el asfalto furioso que alfombra la legendaria Avenida Corrientes.
Ya conozco el truco: se trata de respirar todo el O2 que se pueda porque cruzar la puerta es subirse a una nube de humo y polvo. Café San Bernardo está en ruinas, y no lo esconde. Sus paredes y el techo hecho escombros, sus rincones atestados de andamios colgantes y una capa de polvillo que lo cubre todo. Pero acá nada de eso importa porque las vedettes son las mesas de pool y claramente las de ping-pong, desde donde brota el ruido cíclico que queda retumbando en los oídos.
Check-in hecho. Ahora: luz, mucha luz. Anteojos de marco negro y grueso, gorras anchas, ropa de feria, bicis, amor por el cuidado del medio ambiente, bigotes y la música moderna. Así son los bernarditos que frecuentan el antro anti-moda en boga. Mesas antiquísimas (sólo porque viejos son los trapos), sillas plásticas apiladas, mozos de escuela y la barra que exhibe en vidriera el menú que no pasa de moda terminan de completar el panorama: cafetín de Villa Crespo o cuna de hipsters, da igual.
Café San Bernardo es mi Israel en Buenos Aires. Ese pequeño territorio que se disputan 14 tribus, que vale menos por lo que es que por lo que representa. Terreno donde se edifica el futuro y la juventud, donde se inspira el creador antes de darse de bruces contra el circuito comercial que lo ahoga y lo condena. Este es ese  lugar.
Aquí se respira una tensa calma, y en ese suspiro me nutro de inframundo, de contra-moda, y me divierto y dejo un mensaje y vuelvo, martes tras martes, a buscarlo y reivindicarlo.

Río Café



Hace unas semanas vengo pensando en la feliz peligrosidad y en las cinturas de las que habla Pedro Fértil cuando hace comulgar la gloria junto a Copacabana y sus noches.
Pero hoy una sucesión de hechos desafortunados dejó a Buenos Aires patas para arriba. Aún así, quiero juntarme con mis amigas en esta noche de clima pos-guerra. El cuartel elegido: RÍO CAFÉ. No es una elección al azar, en Río hoy es una de esas mismísimas Noches de CCB.
Esquivamos los chubascos y, por fin, llegamos a la puerta. Nos recibe imponente, designio del charme que allí habita y así arranca la ladies night. Llegamos temprano, nos acodamos en la barra y, jarrita de por medio, nos vamos poniendo al día.
El horizonte de Río Café es inspirador: la pintada que ocupa toda la pared me hace pensar en el arte de tapa de algún disco de moda, el mármol que da media vuelta perfecta es de una exquisitez extrema, el buen gusto en la disposición de las mesas  me enamora y el patio semicibuerto es mi edén terrenal.
Las nefastas condiciones climáticas no impidieron que el salón y el patio sirvieran de guarida para los soldados que aún seguíamos de pie, dando batalla. El clima en Río es ameno y todo allí cuadra de maravillas: la música que suena bien, las luces en su punto justo, la barra que recibe gustosa cualquier exigencia y un ambiente apacible que bien puede ser la exacta definición de chill out.
Río Café: encontré el lugar donde esperar paciente el Día Del Huracán.

martes, 11 de diciembre de 2012

Les Mentettes vs Mompox en el KONEX


Esta vez sí, voy a llegar más temprano que nunca. Anoche las agujas del celular me jugaron una mala pasada y voy a tener que esperar que un año nuevo llegue para sentir el viento, vibrar con la fuerza y temblar con El Tronador.
Son las 19.30hs, somos muy poquitos en el patio de Konex y la espera va a ser larga, pero Cosmo comanda las bandejas, el sol se está escondiendo en algún lugar atrás de todos estos edificios de cemento y soledad, y lo que queda flotando en el ambiente es un aire que renueva.
En el escenario se disponen 6 ventettes + 7 mentettes y la cosa arranca tranqui. De a poco, Adrián y los suyos van entrando en calor y la Ciudad Cultural Konex toma color. La división en el público es extrema: unos sentados, otros inevitablemente bailando. El paseo por las veredas cósmicas del mundo-mentette es entretenido, tiene muy buen ritmo, tiene un sonido limpio y bien elaborado. La voz detrás del cuerpo serpenteando avisa: esta es una canción para el fin del mundo, y va llegando el final.  Una vez más Les Mentettes no decepcionan.
Buenas noches, esto es Mompox, dice Alejandro Wonder y, subtitulados mediante, los 9 mompoxes suben el volumen y empapan el aire con su sonido futurista y electrizante. Ruiditos por todos lados en cada canción mantienen mi atención alerta, el show es pura fuerza y energía. Esta sería la parte bailable del show, pura y exclusivamente bailable, como si la aclaración fuera necesaria, redoblan la apuesta y hacen estallar el patio. 
Mompox, qué gusto por fin conocerlos!

Un sábado cualquiera


“Sigo confiando en la asertividad de estar en el lugar y en el momento justo”, escribo esto en alguna pausa durante la gira de anoche, y como no hay mal que por bien no venga donde el reci que no vi termina la aventura empieza y el trío recién formado disfruta los primeros cocketeles de la noche en el agraciadísimo patio de Soria.  Una pasadita por Río Café, para no perder la sana costumbre, aunque el destino final (mas no el último) sea el Podestá, más porque el cuerpo pide baile que por ninguna otra razón. Visita a unos pájaros en la pared antes de tocar fondo en Miloca, y el sol hace horas que salió.
Lo que quiero decir, más bien: armar un buen combo y agrandar la noche cada tanto no está nada mal.