martes, 11 de diciembre de 2012

El Qetzal


Es necesario conocer la ubicación de las mejores guaridas de la ciudad para llevar con dignidad la espera hasta la gloriosa venida de Verano 2013, así que estos días estoy de investigación, ensayo y error. La rigurosidad científica junto con el calor húmedo que trae la primavera en trance me llevaron a realizar otra prueba piloto en El Qetzal y una vez más digo con seguridad: prueba superada.
El Qetzal es ese lugar en donde lo que reina es la comodidad, cruzar la puerta y decidir si patio o salón-sillón y percibir enseguida su potencial. Ir distendido a la barra, y vaso de vidrio en mano, descubrir en las paredes y en los rincones mensajes y arte en formato hoy.
La música, los pasillos, las mil puertas y algún componente que aún no logro descifrar me dan la pauta: guarida perfecta para esperar el verano.

Tomando el té en TEA CONNECTION


No hay nada que uno no se pueda imaginar de antemano, no hay mucho manejo de expectativas que pueda quitarnos el sueño. Tomar el té es eso: un descanso, una pausa en la vida agitada de los habitantes de urbes pasadas de rosca, un break en la juventud añorada, una costumbre lejana en el tiempo, lejana en el espacio. Un té es una infusión clasista, una declaración de principios de finales de otros siglos, una actividad destinada a las féminas de cintillo para compartir la novedad.
Y, sin embargo, mi paso por Tea Connection me sorprendió: la música estuvo bien elegida, o más bien diré que estuvo acertada, porque desconozco si fue el azar o la deliberada decisión de un cajero-DJ. Las hebras contentaron mis papilas gustativas. El ambiente tuvo lo justo de esto, y lo justo de aquello.
No es que pueda recomendar el lugar, eso irá en el gusto del consumidor, pero sí diré que ir a tomar el té con uno mismo es una pausa a la que vale la pena acceder.

“Gesta”, Pablo Dompé - C.C.R.


“Gesta es proeza, pero también preparación y preñez”, María José Herrera. Me quedo con esa frase antes de darme vuelta y meterme de lleno entre las esculturas de Pablo Dompé. Y aunque sospecho que los colores de estas figuras magnificentes deberían chocarme, lo que me transmiten es lo opuesto, algo muy parecido a la serenidad. Siento como si una porción de la vida quedara atrapada en esta sala, al menos por un rato; como si aquí estuviera el comienzo, el punto de largada.
Me cuesta no ver lo femenino en la Gesta, y al mismo tiempo lo que hay de universal en ello, lo natural. Las líneas de las figuras me seducen completamente, de tanta belleza siento como si se hubieran desprendido del Universo para aterrizar justo a mis pies. Y están ahí, quietas, y si embargo yo las percibo en una perfecta continuidad, en el principio del movimiento, meciéndose.

“Teletransportación a Enero”, Popi Lamadrid - C.C.R.


Sigo un poco más, y llego a la Sala 9, 2da escala: Teletransportación a Enero, Popi Lamadrid. Empiezo el recorrido y siento cómo la noche va cayendo, un manto que cubre la sala con liviandad. Se me llenan las fosas nasales de olor a verde, a humedad, a río. Me envuelve esa sensación veraniega de nubes de mosquitos, y por supuesto, de nostalgia dulce. Porque aunque Enero esté por llegar otra vez, bien sé yo, y mejor que nadie, que el Enero que pasó no vuelve, melancolía infantil, añoranza inútil.
Con cada pisada se desprende de las pinturas colgantes una brisa cálida, de esas que no refrescan la piel pero mueven las hojas, pegajosa y húmeda. Y mis zapatillas se transforman en ojotas plásticas y multicolores, y con cada zancada una bocanada de aire limpio y nuevo.
Si tuviera que definirla en mi propia experiencia, esta muestra fue la imagen de un capricho: mi renuncia a crecer, a creer que el tiempo pasa y deja huellas. 
Que cada uno se le anime, que Enero es el principio.

“The Forgotten World”, Mariano Enriquez – Espacio Historieta, C.C.R.



Mariano Enriquez – “The Forgotten World”
Mi plan de Domingo incluyó una visita por el Recoleta, simplemente porque la vista desde su terraza es motivo suficiente para sobrellevar el calor que asciende desde la alfombra de asfalto que cubre mi Buenos Aires querido. Y también porque en sus múltiples salas siempre encuentro alguna sorpresa bonita, siempre alguna cosita moderna y talentosa.
Un espacio destinado a Historietas tiene sus paredes exhibiendo la obra de Mariano Enriquez, y para entender de qué se trata este pasillo me aventuro en la presentación curadora:
Según diversas teorías y pruebas halladas en diversos escritos de religiones y culturas de la antigüedad, el planeta  Tierra fue visitado por seres extraterrestres…
Y acto seguido, mis ojos decodifican el mensaje del artista: “Sin misterio no hay belleza, sin belleza no hay magia”.
Y sin más, un pie delante de otro y a estar atenta a lo que cuelga de las paredes.
Lo que veo me cautiva, me despierta, me dispara un perdigón de espejismo y ensueño que ciertamente no esperaba encontrarme hoy. Recorrer la obra de Enriquez fue para mí volver a tomar la píldora de la imaginación y dejarme flotar, viajar, volar en el tiempo para atrás y para adelante, en todos los sentidos que marque la aguja del reloj, hasta hacerlo desaparecer.
Despego por un momento la nariz del calendario que me cautiva, y pesco al vuelo un pensamiento propio: No estamos solos. No somos el centro. Pero no es una novedad, al menos no lo es para mí. Es la concientización del hecho, es la infinitud de nuestra presencia de un lado y del otro del presente, y al mismo tiempo la fugacidad  de nuestro paso.
El que esté listo, que arme las valijas y vuele sin escalas al Espacio Historieta.

CENTRO CULTURAL RECOLETA


Capricho de compartir mi bunker:
No es un sonido armónico, es más bien discontinuo, brusco por momentos, inestable y desordenado. Mi espejo. La fuente del patio del Centro Cultural Recoleta me refleja, la brisa cálida de principios de Diciembre me acobija y yo desde el banquito de madera miro el cielo completamente despejado y mientras respiro tan hondo como me den los pulmones.
Mis ideas no están en orden, y no me exijo: no veo porqué deberían estarlo. No hoy. No todavía. Por lo menos, ahora ya sé a dónde ir a desparramarlas. Crecer es, a veces, tener un bunker.

lunes, 10 de diciembre de 2012

Alvy, Nacho y Rubin interpretan a LOS CAMPOS MAGNÉTICOS – La Oreja Negra


Corro las cortinas y, ¡vaya sorpresa!, la sala está llena. El calor asciende, tal como dictan las leyes de la física, me toma de la mano y me conduce escaleras arriba donde juntos elegimos una posición estratégica para que nos cuadre justo el trío.
La función arranca con una vieja advertencia: No te enamores de mí: Ellos insisten, aunque para algunos ya sea demasiado tarde. Alvy, Nacho y Rubin en su versión veraniega se acomodan y suben con unas cuerdas nuevas: un banjo y un ukelele tahitiano, las veo en el escenario y mi carga de expectativas está al mango!
El multifacético Pablo Font toma el mando del teclado, y enseguida nos transforma en un público maravilloso que a la altura del 3er tema corea el mambo ese del clonazepam.
Por su parte, la encantadora Srita. Brusa nos da ganas de volver corriendo de San Francisco y arrojarnos a sus brazos, pero enseguida el humor de Rubin nos trae de vuelta a La Oreja Negra, donde por un momento el recital se transforma en un stand up bilingüe y que vivan los novios! y mis manos quedan coloradas de tanto aplauso sostenido y risa a carcajadas.
El show va transcurriendo con buen ritmo, el bis llega en el momento justo y el banjo junto al ukelele tahitiano han hecho las delicias de los perseguidores de la novedad. Camino las cuadras que me quedan con una sensación de pequeña alegría, de martes-sábado, en fin: batalla ganada a la semana.