jueves, 27 de junio de 2013

Prietto y Shaman en el Run Run Nena


el día preferido de la semana: cuando tocan juntas las bandas que a Lupe le gustan!

Shaman y los Pilares de la Creación + Maxi Prietto y Los Boleros en Espacio Casona




Cuando la noche cae, corres al refugio – Mauro Percebe en Cangrejos



En Cangrejos las cosas están en su lugar. No es orden, es el lugar de la cosas. En el escenario, una alfombra, un pie de mic, un asiento y Mauro Percebe sobre él. Enfrente, otra alfombra que cubre la sala hasta la mitad, pibes y pibas canturreando las canciones de Cerca del pasto desde las sillas de plástico, birras en los vasos, más gente en el fondo acomodada sobre el sillón.

La luna se ve redonda y emocionante como un elepé plateado. Fenómeno de la fase llena y la distancia mínima que disfruto con los ojos, mientras la boca hace ruido de mascar pochoclos en ese patio que es gloria y rincón convertido en bunker citadino.

Noche de domingo en plena intimidad, amigos, música y la salcación. Así puede ser que suenen “El cielo está algo nublado”, “Noches bajo tierra”, “Discos del 2000”. Los temas se van desplegando como una alfombra roja, invitando a correr por el jardín de los vivos y muertos.

Percebe con su guitarra construye un lugar donde refugiarse y encontrar la serenidad de una voz que canta canciones que salen desde un balde lleno de melodías que nos van a gustar. Llega “Campeón de la frase” para corear. Todo suena como podrían sonar los auriculares de un compi que un amigo te preparó para ese viaje que hiciste hasta La Plata, justo en ese momento en el que el sol entra por la ventanilla y todos nos sentimos bien y cantamos canciones gomosas.

Cover de 107 Faunos para ir cerrando, “Tristeza” como final, y con esos sonidos retumbando entre las orejas y el corazón, quedamos listos para arrancar la pretemporada de invierno. Listos para dar inicio a las noches bajo tierra.

miércoles, 26 de junio de 2013

Noche de vagos, patrullas, terror - Bestia Bebé en Mantantirulirulá


“Este recital puede terminar en cualquier momento”, con esa advertencia hecha desafío, Tom da inicio a la presentación en vivo del discazo recién salidito del horno de la Bestia Bebé. Para calmar a las fieras, “Estamos Bien”, pero para que no se queden dormidas en los laureles, “Wagen del pueblo”. Los que estamos, que somos muchos y más o menos nos conocemos, no tenemos ningún reparo en apretujarnos y saltar sin parar. Comentarios divertidos, chiste interno que sube y baja del escenario, clima festivo a más no poder.

Mantantirulirulá está empotrado en el corazón de Caballito, una de esas casonas que resiste el paso implacable del tiempo. Las puertas crujen, los techos son altísimos, el patio es español, las escaleras de material y la terraza está a un casillero del cielo. Algunas habitaciones contiguas y en una de ellas, el sonido fluyendo, impecable y certero. Jóvenes de barba y bigotes se apoyan contra las paredes, muchachitas con colitas en el pelo cuchichean y se ríen por ahí. La cerveza te la sirven en tarros de mermelada, por un costo módico. El fernet va en tarros de café, respetan la oscuridad del contenido.

La yuta está por Chicho, no por nosotros”, agitan desde el pogo, que se volvió una explosión de sudor, lágrimas y corazones gomosos. Desoímos la amenaza del vecino, que se cruzó en pijamas para bardearla. Va a llamar a la policía, y que la cana nos corte el mambo. Pero ahora, los Bestia están prendidos fuego, haciendo sonar “Sabés!”, “El urugayo”, “El gran Balboa”. Se cae la casa a pedazos, Tom la ataja con una, mientras con la otra rasguea duro al ritmo de “Luchador de Boedo” y “Lo quiero mucho a ese muchacho”.

En el hueco de una canción y otra se da ese diálogo de recital entre esos fanáticos que son amigos, esos amigos de los fanáticos y los músicos, que son amigos de nuevo. “Vamos a caer todos en cana”, “Si cae, cae”, “¡Qué venga la yuta!” y en el fervor de la noche, Reno se suma para corear “Patrullas del terror”. Claro, también hay cánticos de cancha y una emoción que nadie quiere ni puede contener.

La casa, los instrumentos, los pibes que tocan, la gente que los vino a ver, todos prendidos fuego. Ritual, fiesta infinita de las bandas eternas. Un último “vamooo”, aplausos y fin. Consagración divina, bienvenido el disco de la Bestia Bebé a las bateas. 

Psicodelia andina en el Recoleta – Los Animales Superforros en Ciudad Emergente


Desde mi bunker, saludo al sol. Le digo “hasta luego” en un idioma hecho de señas y susurros, y me encierro en ese galpón que es la sala Villa Villa del Centro Cultural Recoleta a esperar que Los Animales Superforros arranquen su show en el marco de la 6° edición del festival Ciudad Emergente.

Ya adentro y a oscuras por completo, son las 17:15hs y Los Superforros están enchufándose. “Bienvenidos a nuestra prueba de sonido”, bromean en serio. Tímidos, los miramos desde la negrura del fondo. Nos invitan a dar un paso al frente y hacemos caso. “Nos vamos a maquillar y volvemos”, prometen y cumplen, y en el horario estipulado según la grilla se identifican y arrancan “Somos Los Animales Superforros, gracias por venir a todos, así suena nuestra primera canción”.

El primer tema resume su espíritu, esa mezcla que resulta en una psicodelia andina, sonido autóctono reversionado. Samplers, sintetizadores, charango, flauta. Todos esos revolviéndose a fuego lento en una olla musical que entrega como producto final una canción hecha de fusión, “Tierra Mojada”. Tema que cierra su EP “Coplas”, único registro que llevan editado hasta el momento.

Van a ir sonando “Superfurrie”, “Copla del Pensamiento”, “Señor de la Montaña” y, para alegría de los fanáticos de estos especímenes multifacéticos, los chicos presentan algunos temas nuevos, que van alineados con la estética musical de los que trae su EP. Anécdota y versión bonita de una canción en alusión a María de la Rosa Mística.

Giro, porque extraño el fondo. La sala está llena, los dientes blancos relucen en las sonrisas de los que se acercaron a ver. Juan y Ezequiel cantan de perfil al público, enfrentando sus miradas. Eso es también parte y resultado de la magia que en vivo suscitan. A puro contraste, charango-teclado, poncho-gorrita, eléctrica-criolla, los superforros van intercambiando posiciones y construyendo el clima.


Me despido de la hora rosa acá adentro, con todos los colores que LASF traen desde el altiplano y todos los sonidos que amalgaman entre sus acordes. Hubiera sido provechosa la terraza, ahí donde el sol se clava de lleno en los ojos, calienta la sangre que a veces se derrama sobre canciones que suenan como la tierra que pisan los músicos que cantan, las bandas que agitan, los pogos que claman.