miércoles, 15 de enero de 2014

Lupe en el Bon Odori


 Una ventana donde sentarse a recibir el día de la misma manera en la que la orilla de Villa Elisa le da la bienvenida al arrullo del río. Así son las cosas en algún bunker, en alguna ciudad de la 1 a la 31, y de la 32 a la 72. Para celebrar los pies como la mayor conquista de la especie se puede llenarlos de rueditas desparejas, pero limpias. Volver vomitando conejos, y que uno se te quede colgando de los labios y se vuelva colorado para el festejo: darle la bienvenida a las almas de los ancestros.

Pero hacerlo entrada la noche, en un predio de Colonia Urquiza donde la comunidad japonesa comparte sus tradiciones: El Bon Odori, en su XV edición. Y sentirte bien y a gusto copiando los pasos de las mujeres en kimono. Y que el frío en pleno verano sea parte de la anécdota, como ese pollo en cono que chorrea una salsa agridulce que memorizo en la lengua, a ver si aprendo algo nipón. La noche se mueve al compás de los tambores taiko, y alguna canción queda resonando ya muerto el fin de semana. Rescate de tradiciones que me son ajenas, pero veneradas. Ojalá los espíritus protectores de las cosechas hayan recibido mis respetos y me propicien un año próspero. Hasta ahora, parece que así lo han hecho, 感謝

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